Vale la pena andar a las corridas

EDWARD PIÑÓN

Hay que llegar a todos lados, sea como sea, y las distancias no son nada cortas. Para ir al Polígono de tiro de Beijing, 30 minutos de viaje. Para no perderse el debut de las estrellas del tenis, un retorno similar hacia el Complejo de la zona verde del anillo olímpico.

Si hay que estar atentos al remo, para llegar al Centro de Shunyi, hay que armarse de buena paciencia: dos horas entre ida y vuelta.

Falta mucho para el final y las piernas se agotan. Se almuerza o cena al paso, ya no es comida rápida sino tipo posta, o una carrera de atletismo en la que se recoge el agua y se sigue de largo sin detener la marcha. Se escribe mirando la computadora y el reloj. Pensando en los horarios de Uruguay y siguiendo todo atentamente.

Entonces, hay que salir corriendo y los 500 metros con una mochila de cinco o seis kilos en la espalda es todo un reto atlético, especialmente si al levantar la vista se comprueba que la polución no desaparece.

Pero vale la pena. Son los Juegos Olímpicos, están las Williams, los Nadal y Federer. Se ve a Phelps, se es testigo de récords y de actuaciones sorprendentes.

No hay mala cara ni cuando la lluvia golpea en la parada de taxis y la extensa fila formada te deja en el lugar 45.

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