Contra "The Economist"

ANTONIO MERCADER

Presentar al Frente Amplio como el seguro ganador de las próximas elecciones es una temeridad. Que lo haga una compañía del grupo The Economist, la revista más influyente del mundo, es una sorpresa. Por eso, los blancos crepitan de indignación con el anuncio del foro programado en Montevideo por The Economist Intelligence Unit (Unidad de Inteligencia) experta en organizar reuniones que, en sus invitaciones, vaticina la victoria de la izquierda para el 2009. Aunque el augurio no pertenece estrictamente a la revista, el sello de The Economist es tan potente que la protesta nacionalista se justifica.

Lo raro del caso es que ningún anuncio de este tipo se incluyó en un foro similar celebrado en Uruguay en marzo de 2007. Es raro porque entonces las encuestas permitían pronosticar el triunfo frentista, algo que ahora no ocurre. Eso desmiente la cacareada inteligencia de dicha unidad pues con sólo hojear datos de los últimos sondeos hubiera sabido que la pulseada entre gobierno y oposición corre pareja.

Grupo británico como es The Economist, alguno de sus miembros pudo descolgar el teléfono y consultar a la también británica Mori, socia de la uruguaya Equipos, quien le hubiera dado información precisa.

En las invitaciones al foro a celebrarse en el Radisson el 17 y 18 de setiembre, se incluyó la siguiente frase, piedra del escándalo: "Pese a que la reforma fiscal implementada en 2007 ha sido mal recibida entre la clase media, y que las relaciones entre el gobierno y la comunidad empresarial están difíciles, el Frente Amplio sigue siendo el claro favorito a volver al poder en 2009". Un detalle: en la primera parte de la desdichada frase se brindan dos de las razones que mellan el supuesto favoritismo de la izquierda. Otras podrían agregarse aunque es difícil que salgan a la luz en las sesiones de un foro que abrirá el presidente de la República y cuyos panelistas serán gobernantes o empresarios, pero en ningún caso opositores.

Esa es la mecánica de la "Mesa de Negocios con el Gobierno de Uruguay. Potenciando las inversiones". Así se titula el foro "para ejecutivos senior que buscan nuevas perspectivas en cuestiones estratégicas", según explica la Unidad de Inteligencia antes de noticiar que cobrará 1.095 dólares (sí, leyó bien) a cada uno de los asistentes a la reunión. Después se exhorta a los ejecutivos a echar mano a la billetera y participar con otra frase infeliz:

"El posible candidato necesitaría tener el apoyo del FA, la comunidad empresarial y el grueso de la población para poder llevar a cabo una campaña exitosa". ¡Vaya forma de arengar a los empresarios uruguayos a cooperar con el partido de gobierno!

Tanta torpeza juega en contra de The Economist, una revista con 160 años de antigüedad que vende 1.200.000 ejemplares por semana y que es un dechado de coherencia en defensa del liberalismo político y económico. Una revista de personalidad única, con portadas audaces, supremacía de textos sobre fotos, notas escritas con precisión y humor, títulos ingeniosos y un rasgo singular: la ausencia de firmas al pie de los textos, ni siquiera la de su director. Una revista que se ocupa poco de Uruguay, pero que cuando nos menciona lo hace bien como lo mostró en dos ocasiones señaladas: una, al resaltar a Artigas entre todos los líderes sudamericanos; otra, cuando les aclaró a los italianos que el rojo de la camisa de Garibaldi y sus huestes provenía de los colorados de Uruguay.

Una revista de esa calidad merece más inteligencia de su Unidad de Inteligencia.

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