La permanencia de José Luis Perales
Inicio. Comenzó su nueva gira en Uruguay
FERNANDO MANFREDI
El Palacio Peñarol estaba repleto de público que puntualmente había acudido a la cita con José Luis Perales, una cita que renovaba una relación de 35 años de fidelidad y complicidad.
No se crea que la mayoría de ese público estaba constituido por los supra 50, una observación más detallada permitía detectar muchos veinteañeros, ciertamente en su mayoría del género femenino que rivalizaba con los (las) mayores.
¿Cuál es la magia de este hombre menudo, tímido con cierta alergia al escenario y la notoriedad, que es capaz de convocar un público tan heterogéneo? No es un cantante, pero ciertamente su voz y su estilo combinan a la perfección con esas melancólicas canciones que hablan con insistencia del amor y del desamor, de las pequeñas cosas cotidianas o del navegar como necesidad vital. El show se inició puntualmente con cuatro canciones de la telonera que en este caso fue Ana Prada. La joven artista compatriota fue un buen prólogo con sus canciones de leve raíz folklórica y su bien timbrada voz. Si dotara a su puesta en escena de elementos más contundentes, a no dudarlo puede convertirse en figura de la música popular uruguaya.
Alrededor de las 21.15 el escenario volvió a quedar despoblado, para que poco después ingresaran los integrantes de la orquesta que acompañaría a Perales a lo largo del concierto. En total 13 músicos: el pianista y director, un guitarrista, un bajista, un baterista y un percusionista, un cuarteto de cuerdas y 4 metales (trombón, trompeta, saxo alto y saxo tenor). Un andamiaje lumínico, le daría el marco escenográfico a este espectáculo denominado "30 años no es nada". En rigor, con esta gira Perales cumple sus 35 años de idilio con América, un continente que transformó a sus canciones en clásicos inolvidables. Y sus clásicos fueron los que se escucharon a lo largo del recital con la sola excepción del segundo tema, que ya había adelantado en su entrevista con El País. En él habla de que evita la palabra "despedida". A juzgar por la recepción del público le será difícil incluir esta palabra en su agenda a la brevedad. Es que la gente ama a José Luis Perales y se lo manifiesta en cada ocasión que tiene. Perales es "como si fuera de la familia", juega con la sobriedad y la humildad como cartas de presentación y eso lo vuelve entrañable para el público que sabe, instintivamente que este hombre que ya supera los 60, se muestra tal cual es y allí tal vez radique el secreto de su éxito. Algunos desajustes del retorno le jugaron una mala pasada, en especial en Que canten los niños. Pero aún esos problemas no pudieron opacar una noche que, como decía una señora muy feliz del brazo del marido en medio del río humano que transitaba hacia 18, fue "Plenamente satisfactoria".
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