César Bianchi
El jueves y el viernes nada podía hacer vislumbrar las imágenes de violencia en la ruta 14 de Entre Ríos. El piquete como modus operandi, esa forma de protesta que tanto les gusta a los gremios argentinos, se llevaba a cabo con toda normalidad. Un piquete y un contrapiquete, pero todos juntos.
Cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se queja del corte de ruta, Alfredo de Angeli le retruca: "¿Qué corte? Estamos al lado de la ruta".
Pero no: el corte está.
Dicen que había casi mil camiones el jueves al caer la noche. A las 18 horas, cuando se avisaba que en minutos habría asamblea de "las bases" y los periodistas extrañaban al pintoresco De Angeli, un adulto mayor apareció por los aires sentado en un parapente con taburete y motorcito. La ocurrencia del veterano sirvió para la diversión de todos: gendarmes, productores que gritaban "¡ahí viene el Alfredo, ahí viene el Alfredo!", y los movileros y camarógrafos porteños que llevaban varios días de cobertura.
La asamblea consistió en una discusión de cinco minutos entre productores y camioneros en una rueda improvisada. Un misionero trajo una bolsa con "facturas" y la cámara de TVR se divirtió de lo lindo.
Todo estaba en calma. El presidente de la Federación de Transportistas Rurales, Carlos Di Nuncio, le dijo a los camioneros que vuelvan a cargar cereales porque el gobierno garantizaría el tránsito. Pero no: lejos de eso, Cristina Kirchner se endureció y ordenó a Gendarmería que saque a los piqueteros a la fuerza.
De inmediato una "pueblada" autoconvocada hizo el resto. La represión terminó con De Angeli y una decena de productores presos por unas horas.
En ese mismo momento y a 30 kilómetros de allí, sobre la ruta 136 de Arroyo Verde, Miguel González y un par de asambleístas más -ajenos al conflicto del campo con el Ejecutivo de los Kirchner- seguían cortando el pasaje hacia Uruguay con la consigna "Fuera Botnia, viva la Patria".