SILVIA PÉREZ
Apenas el juez ecuatoriano pitó el final, los silbidos bajaron desde las tribunas. El público, que no llenó el Estadio ni mucho menos, se mantuvo en silencio durante gran parte del segundo tiempo. Su actitud era un reflejo de lo que sucedía con los jugadores uruguayos dentro de la cancha.
Ya desde temprano se notó que la convocatoria no iba a ser la misma de otras oportunidades. Cuando el ómnibus que traía a los futbolistas celestes estacionó en la Platea América fue rodeado por un grupo reducido de apenas unos 30 hinchas.
Cuando aún faltaba una hora para el comienzo del partido, la cuerda de tambores Yambo Kenia recorría el campo de juego intentando transmitir alegría a unas tribunas que a esa altura estaban casi vacías.
"¿Por qué la pobreza no nos une tanto como el fútbol?", preguntaba una enorme bandera desde la tribuna Amsterdam. Aunque no tenía ningún logo que la identificara era de la gente de "Un techo para mi país".
A las 15:10 horas salieron los jugadores celestes a calentar al campo de juego y fueron recibidos con aplausos. Un rato después lo hicieron los venezolanos y ocurrió todo lo contrario.
Ya faltaba poco cuando los altoparlantes anunciaron las alineaciones. Sebastián Abreu, cuya adhesión a la selección es enorme, fue el más aplaudido. Aunque Carlos Bueno, el último de los suplentes en ser nombrado, casi lo iguala.
Llegó el momento de los himnos. Los venezolanos cantaron el suyo abrazados y los celestes mirando la bandera. Abreu estaba acompañado por sus dos hijos y Diego Pérez por su sobrina, la hija del aurinegro Omar.
El grito de Uruguay sonó fuerte en el Estadio en los primeros minutos del partido. Sin embargo, los hinchas no tardaron en darse cuenta que el fútbol faltaría a la cita.
Por suerte, Abreu y Lugano comprobaron una vez más que el viejo dicho futbolero que dice que dos cabezazos en el área terminan en gol es cierto, y los hinchas respiraron.
El segundo tiempo fue peor. Llegó el empate y el gritó de "¡Venezuela, Venezuela!", se escuchó por primera vez.
La Amsterdam se alborotó cuando vio correr a Carlitos Bueno rumbo a la cancha, pero ni "Charlie" ni Vicente Sánchez, que sustituyeron a Forlán y a Suárez, pudieron cambiar las cosas.
Apenas un tiro de "Carucha" que dio en el horizontal. Era la última esperanza de ganar el partido que se esfumaba en el frío de la tarde.
Un silencio sepulcral se apoderó del Centenario. Sólo lo interrumpió el pedido de "¡pongan más huevos...!" que bajó desde la Amsterdam. "Esta película ya la ví, matemáticamente tenemos chance", dijo un hincha cuando salía del Estadio.
Poca gente en el estadio
Visitantes: Los hinchas venezolanos se instalaron en la Platea América y parte de la tribuna. Después del gol de su selección se hicieron oír en el estadio Centenario. Panorámica: La foto muestra claramente el poco apoyo que tuvo la selección en el partido de ayer frente Venezuela. Unas 48.000 personas se hicieron presentes en el Centenario. La única tribuna llena fue la Amsterdam.
SÓLO QUEDA EL RECUERDO
Homenaje: Uno de los jugadores campeones del mundo en 1950 con Uruguay, Alcides Edgardo Ghiggia fue homenajeado ayer en el Estadio. Le entregaron una camiseta celeste con su nombre y el número 50. La bandera que recuerda la hazaña de Maracaná apareció, como siempre, en la tribuna Olímpica.
El debutante y el carnaval
Estrella: El número 10 de Venezuela, Ronald Vargas, es abrazado por sus compañeros tras su gol. Se trata de la nueva figura del fútbol de su país. Ayer debutó oficialmente con la selección vinotinto y no defraudó: anotó el empate ante los celestes.
Colorido: La gente del conjunto lubolo "Yambo Kenia" recorrió el campo de juego del Centenario intentando contagiar a los hinchas su alegría. Luego hizo lo propio en la Platea América haciendo las delicias de la parcialidad venezolana que estaba allí ubicada. Los caribeños sacaron sus cámaras digitales y sus filmadoras y vivieron por unos minutos la fiesta del carnaval en pleno mes de junio.