Mártir de la decadencia

LEONARDO GUZMÁN

Pobre Pamela! Vida corta, breviario de horrores. Violada casi dos años por el padrastro, amputada la infancia, asesinada a 50 metros de su casa, el destino la condenó a vivir y morir en un estercolero.

Su tronchada existencia tuvo los trazos de una biografía digna de escribirla Honoré de Balzac o Curzio Malaparte o de filmarla Vittorio de Sica o Federico Fellini. Pero es más que eso: el libro, uno lo cierra; al cine, va o no; mas del contexto que a esta niña le costó el destino, sólo habrá un modo de apartarse: combatirlo.

Seamos francos. Los detalles del desquicio que en este caso habilitó una cadena de delitos con resultado muerte, no son sólo de la infortunada víctima y su grupo, hoy resobado en crónica policial. A los costados de una cultura medianamente en orden que aún poseemos, ha crecido la maleza de un sub-mundo gris, sórdido, indiferente hasta frente a la más elemental de las reglas. Quien lo dude, que pase un par de tardes en los Juzgados de Violencia Doméstica: se topará con problemas que son anteriores a lo jurídico y lo moral, donde el trabajo que hace falta es una reeducación de base; y sufrirá viendo cómo hay un vasto sector que ha caído mucho más bajo que lo que puede medirse con índices externos.

Es que hemos pasado de la habilitación de parejas sin formalidades a la indiferencia formal pero sin afectos. Se ha ido contagiando un craso materialismo popular de "yo no me meto" y "cada cual hace lo suyo", que no hermana sino aísla; y a los seres así aislados les han llegado las últimas estribaciones de unas "doctrinas" según las cuales el ser humano debe obedecer desenfrenadamente sus instintos primarios.

Cuando el pueblo fernandino quiere irse encima del padrastro-monstruo y de la madre-ignorante-de-todo -el Jefe de Policía de Maldonado, Inspector Eduardo Martínez Machado, declaró que es comprensible, y lo es-, está no sólo clamando contra unos desnaturalizados. Además, está pidiendo que se restablezca un orden personal, familiar, afectivo, muy anterior a las leyes escritas.

El Derecho no cruje hoy sólo en su expresión de Estado, por andar importando modas livianas, abandonar principios básicos y perder su aguijón normativo. La anemia del Derecho nace en la caída a pico de las relaciones interpersonales, en la pérdida del sentimiento de que yo soy tú, en la negación de la conciencia objetiva de lo que está bien, en la aceptación de lo que se explica aun cuando se lo sepa injusto. Después, esa anemia valorativa invade al mundo del Derecho; y llega en forma de hijos abandonados, ancianos soterrados y despojos múltiples, a los Juzgados de Familia Especializados o no, a los Juzgados Civiles y a los Juzgados Penales.

Y conste: las raíces se han debilitado no sólo en marginales económicos sino también en acaudalados. Es que no es cuestión de clases sociales sino de actitudes de fondo: que si son cenagosas, enferman el clima cultural del Derecho mucho antes de que los conflictos lleguen a los expedientes administrativos o judiciales, con sus batallas de luces contra sombras.

"La enumeración de derechos, deberes y garantías hecha por la Constitución, no excluye los otros que son inherentes a la personalidad humana o se derivan de la forma republicana de gobierno" dice el art. 72 de nuestra Carta Magna. En otras palabras: el Derecho reconoce que la persona es anterior y va más allá de la ley escrita.

¿Cómo no combatir entonces la tragedia educacional que llevó a Pamela a la tumba?

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