Un vecindario complicado

SEBASTIÁN DA SILVA

En la escuela nos enseñan sobre los límites nacionales. Esa pregunta obligatoria saber si la isla brasileña es límite contestado o las razones por la cual Martín García está bajo jurisdicción argentina. Es que desde chiquitos asumimos nuestra vecindad: la otrora apetitosa Banda Oriental sigue rodeada de dos enormes países que hoy como ayer determinan muchos de nuestros aspectos económicos y culturales. Indudablemente la influencia argentina es más palpable, será por el idioma, porque estamos más cerca o porque simplemente tenemos los mismos programas de televisión, pero es claro que distinguimos al goleador de San Lorenzo y no conocemos el del Corinthians, o somos expertos en baile por Tinelli y no sabemos ni un solo actor de la Red O`Globo.

Lo cierto es que pertenecemos a la misma región, estamos indisolublemente unidos a su suerte o desgracia por aquello de que es imposible mudarnos a otro sitio.

En estos días las diferencias entre ambos países son enormes, con perspectivas inversamente proporcionales y con la misma coyuntura internacional que disfrutamos todos.

La lógica imperial de Itamaraty, definida por tomar conciencia del potencial de Brasil en el mundo y pujar por ocupar lugares de destaque sin importar la tendencia de los diferentes gobiernos, sigue dando resultado.

Brasil no para de sorprender; en momentos de zozobra financiera internacional, logra el grado inversor, los bancos de desarrollo apoyan la expansión verde amarela en todo el mundo y la inversión en ciencia e investigación logra, entre otras cosas, los hallazgos petroleros más importantes de las últimas décadas. Hoy son los primeros exportadores de carne y en todos los granos están en lo alto de la tabla.

En la otra esquina todo lo contrario. Siendo Argentina uno de los países con la suerte de tener autosuficiencia energética, todos los climas, las tierras más fértiles del planeta, y pozos petroleros propios, sufre las consecuencias de su propia idiosincrasia. Hace cincuenta años que no consiguen estar en paz. Perón, la Dictadura, las Malvinas, la inflación de Alfonsín, la algarabía menemista, la convertibilidad, la contracara De la Rúa, el corralito, hasta llegar a esta era K.

Nada de lo que hace el otro gigante sudamericano es imitado, ni políticas de Estado, ni estrategias de largo plazo y mucho menos paz. Sin saberlo se han propuesto vivir al borde de un ataque de nervios, de problema en problema.

No existe polémica o debate más bizarro en el mundo que el conflicto entre el gobierno argentino y el sector agropecuario. Es la esencia misma de la sinrazón, que determina que en vez de pensar en cómo sacarle más provecho a la excelentísima coyuntura que atraviesan y así solucionar sus muchos problemas , se empecinan en suicidarse.

Uruguay debe de convivir con esta realidad, entre el día y la noche, en permanente equilibrio, a resguardo de cualquier contagio, e intentando plasmar una impronta propia en un barrio convulsionado, a sabiendas que las consecuencias directas por los aciertos o los desastres gubernamentales de nuestros hermanos y vecinos tienen efectos automáticos en nuestra vida cotidiana.

Cambiar esta realidad es difícil, pero no imposible, hoy el mundo es cada día más cercano, y no depender de estas realidades nos obliga a tomarlo como cuestión de Estado.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar