DÉBORAH FRIEDMANN
A Omar Mederos y Rosa Cabrera el entusiasmo se les nota en la mirada. También admiten que están "un poco asustados". No es para menos: hoy amanecieron con más integrantes en su familia, que sumará ocho niños que vivían en hogares de INAU.
La casa de la calle Lanús, en Lezica, estaba ayer casi pronta para recibir a los pequeños. Rosa (46) terminaba de colgar cortinas en uno de los cuartos de los chicos. Omar (49) iba hasta el jardín donde obreros finalizaban el cerramiento a la piscina. Mientras, Nicolás, su nieto, se tiraba entre risas una y otra vez en un puff del living.
El matrimonio es uno de los dos que hoy comenzará el plan de INAU "Creciendo en Familia". En una vivienda comprada por el organismo vivirán ellos junto a ocho niños que, pese a su corta edad, tienen ya una larga historia de institucionalización y carecen de perspectivas de ser adoptados, explica Mónica Nicolazzi, directora de la División Protección Integral de Tiempo Completo.
La vivienda, donde también vivirá su hija Mariana y Nicolás, es amplia, con un jardín al frente y otro, mucho más extenso detrás. El living tiene unas modernas butacas rojas, una estufa a leña y una marina colgada en la pared.
En la cocina, el comedor está preparado para una familia numerosa. El miércoles Rosa cocinó allí milanesas con papas fritas para los cuatro primeros pequeños que irán a vivir con ellos. Son dos grupos de hermanos, tres tienen seis años y otro cinco. Después, no se querían ir. Y ahora, ya no se van a ir.
Omar y Rosa tienen una larga historia de trabajo en el INAU. Ambos ingresaron al organismo en 1987 y fueron hasta 1998 educadores en "Las Brujas". Después, continuaron su labor en hogares de Montevideo. Cuando vieron el llamado interno para este proyecto ambos trabajaban en el Centro de Evaluación Integral Preescolar, ella como educadora y él como coordinador. "Nosotros ya teníamos la experiencia de `Las Brujas` y nos había parecido bárbara. Decidimos volver a hacerlo", dice Rosa. Y Omar agrega: "La diferencia aquí es que nosotros integramos una familia. Vamos a darnos y darles la oportunidad de ser una familia con todo lo que eso significa".
El proceso de selección fue largo. Al llamado interno se presentaron nueve matrimonios, cinco del interior y cuatro de Montevideo. Entre esos cuatro, ya que la experiencia en principio será sólo en la capital, se eligieron a Rosa y Omar y a otra pareja. "Se formó un tribunal, se hicieron entrevistas e instancias que involucraron a los matrimonios y también a sus hijos", indica Nicolazzi.
Después, se seleccionaron a los niños. Se priorizaron grupos de hermanos que no pueden volver a su familia y no fueron adoptados. "Iban a tener largos años en la institución y quisimos darle una oportunidad de vivir como debe vivir cualquier niño: en un espacio familiar", señala Nicolazzi.
Y así lo viven Rosa y Omar. También sus familiares y amigos que, dicen, van a visitarlos y a colaborar. "Y también van a ser parte de la familia de los niños", afirma Rosa. Y Omar agrega: "Es una familia dignificada. Que el niño pueda tomar sus decisiones como en cualquier familia. Que nuestros amigos nos visiten, que sus amigos vengan aquí a un pijama party. Que el niño sea un niño como nuestro hijo o nuestro nieto".
Ahora, empieza el período de adaptación. A descubrir quién ronca o tiene pesadillas de noche. A estar juntos 24 horas. Los chicos estarán con ellos hasta que cumplan 18 años y más si es necesario. "Desde el día siguiente al que ingresan se empieza a preparar su egreso. Eso lleva mucho tiempo, hay que munirlo de herramientas, de valores", señala Omar.
Figuras "permanentes"
Las dos casas son técnicamente hogares de INAU. Son viviendas que fueron compradas por el organismo, que pagará los gastos, la ropa de los pequeños y el transporte a la escuela. Además les realizarán un seguimiento con técnicos del organismo.
La nueva propuesta recoge experiencias institucionales precedentes como son la figura de los directores residentes en los establecimientos y los "pequeños hogares" para transformar el modelo de atención en el sentido de la Convención de los Derechos del Niño y el Código de la Niñez y la Adolescencia.
Consiste en insertar un grupo de niñas y niños pequeños (5 a 9 años) en una dinámica de convivencia familiar con figuras adultas permanentes y apoyos técnicos y de servicios externos.
El plan será inaugurado oficialmente hoy por autoridades del INAU y del Mides.