Escribo este artículo en estado de profunda consternación, abatido por la noticia del fallecimiento de mi entrañable amigo Roberto Gil, -el "melli"- que, no por esperada, deja de producirme honda pena. Era, Roberto, una persona de una sola pieza, generoso hasta decir basta, de sanas pasiones y que no hizo, a lo largo de los ochenta años que acababa de cumplir, otra cosa que vivir para su queridísima familia y para sus amigos, que éramos legión. Tanto los de Trouville, que comenzó a cosechar allá por 1940, como los del Banco del Este primero y el Bank of América más tarde, con quienes forjó una amistad de hierro, y los muchísimos más que tuvo en todos los ambientes que frecuentó, incluido el del mundo del turf, en el cual, domingo a domingo, era figura infaltable que convocaba al afecto inmediato, con su pinta y su sonrisa fácil.
Espero que haya carreras y basquetbol en el cielo. En las primeras te reencontrarás con Julito Folle y tus amigos de décadas pasadas, como el Pollo Gallinal, el gordo Soto, Nino Varela, el Mulita Amado y García Novales. Y, más cerca en el tiempo, conmigo, Guzmán, el "Bomba" inolvidable y Diego Gallinal. Si hay basquetbol, el reencuentro será con Charles Blixen -el padre del Inglés-, el gordo Carrió, la Mona Bianchi y tantos y tantos más. Todos atrás de la roja que Macoco y otros cracks hicieron famosa y querida. Como en 1945, en 1973, en el 2002 -con Paolo Quintero-, y en el 2005-2006.
Roberto, grande e inolvidable amigo, que descanses, como blanco de ley que siempre fuiste, en el pago maragato de tus mayores.
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Este año, el 30 de noviembre, se cumplirán cincuenta años de la histórica victoria que trajo al Partido Nacional al gobierno, tras 94 años en el llano. En los anales de nuestra gloriosa colectividad, sólo la formidable victoria obtenida en la elección de la Asamblea Constituyente, en aquel 30 de julio de 1916 en que se estrenó el voto secreto y por vez primera el oficialismo fue vencido en las urnas, puede aspirar a revestir significación comparable.
Los blancos, que ya estamos calentando los motores con vistas a las trascendentales elecciones del año próximo, en clima de reconfortante unidad, no podemos dejar de conmemorar tan extraordinario acontecimiento, que estuvo rodeado de características únicas, sin precedentes.
Por un lado, la victoria fue aplastante, por cien mil votos y pico, siendo un millón los votantes, al punto de que se obtuvo mayoría parlamentaria y hasta se ganó Montevideo. Por otro lado, todos los nacionalistas, gracias a la creación de la Unión Blanca Democrática en 1956, votamos unidos tras más de 25 años de amarga división. Además, Luis Alberto de Herrera, triunfador que llevó al gobierno a sus candidatos, recorrió el país por última vez y vio ganar a su partido, tras sesenta años largos de luchas cívicas. Su última batalla fue victoriosa.
Viven, y fueron electos legisladores, aquel 30 de noviembre de 1958, Enrique Beltrán, Walter Santoro, Horacio Polla, Angel María Gianola y Ricardo Planchón. En Montevideo, Daniel Hugo Martins fue electo integrante del Concejo Departamental. En Rocha, Carlos Julio Pereyra pasó a presidir su Concejo Departamental. Beltrán y Gianola pasaron a integrar el Poder Ejecutivo. Juan Eduardo Azzini fue el gran Ministro de Hacienda y Jorge Giucci fue tres años su subsecretario. Y Héctor Gros Espiell fue subsecretario del Consejo de Gobierno.
Todos ellos -y otros que puedo olvidarme- deberán ser solemnemente homenajeados.