Valdés Costa y la Corte

Volvió a aparecer en estos días, en la prensa, la imagen del Dr. Ramón Valdés Costa, ya octogenario pero siempre sonriente. Se recordó que en 1993 -con 85 años a cuestas- su intervención, junto a la de su destacado discípulo José Luis Shaw, fue decisiva para que la Cámara de Diputados, ante un recurso interpuesto por la vía del art. 303 de la Carta, declarara inconstitucional las tasas progresivas aplicadas a la contribución inmobiliaria y revocara el decreto que las establecía.

No se ha dicho, en cambio, que la resonante sentencia de la Suprema Corte de Justicia sobre el IRPF a las pasividades, aparte de una cita ineludible de Justino Jiménez de Aréchaga, se apoya fundamentalmente en las enseñanzas de Valdés Costa sobre el principio de igualdad. Dos o tres páginas del fallo redactado por el Dr. Rodríguez Caorsi transcriben conceptos que el ilustre catedrático vertió en su obra magna, "Instituciones de Derecho Tributario", que publicó en 1992 en Buenos Aires y que recibió un premio a la mejor obra jurídica publicada ese año en Argentina.

Su original y profunda distinción entre igualdad en la ley, igualdad por la ley, (estas dos son las invocadas por la Corte), igualdad ante la ley e igualdad de las partes, rezuma sabiduría. Y fue utilizada correctamente por Sara Bossio -primero las damas- Ruibal y Rodríguez Caorsi, para explicitar, en su sentencia, la violación del principio constitucional de igualdad respecto de jubilados y pensionistas.

El maestro, pues, sigue ganando batallas después de muerto. Como si las banderas de la justicia y del Estado de Derecho siguieran firmes en sus manos, flameando en beneficio de sus compatriotas. ¿Exagero al calificarlo de eminente maestro? En absoluto.

Con motivo de la aparición de sus "Instituciones", el tributarista hispano Ferreiro Lapatza escribió sobre esta obra estupenda y afirmó que Don Ramón, junto al italiano Luigi Berliri, el español Sainz de Bujanda y el alemán Hans Nawiasky, integraba el cuarteto de las más altas luminarias mundiales del Derecho Tributario. Casi nada.

Su privilegiado intelecto, su vocación docente y su capacidad de trabajo, así como su entusiasmo por la investigación científica y por el perfeccionamiento de su disciplina jurídica, no decayó jamás. En el prefacio de su gran libro, explicó que no lo tituló "Principios de Derecho Tributario", "porque tengo la esperanza de ampliar la obra en futuras ediciones, incorporando los temas relativos a la norma y a la relación jurídica tributaria (...) con la cual quedaría, completada la teoría del derecho tributario general". Contaba 84 años. Asombroso.

No concretó ese propósito, pero sí reeditó en 1996 -¡simultáneamente en España, Argentina y Colombia!-, su antiguo "Curso de Derecho Tributario", mejorado y ampliado. Frisaba en los 88 años y seguía dando clases, entonces a los alumnos de Ciencias Económicas, "para mejorar su formación", según me dijo, y siendo el alma mater del Instituto Latinaomericano de Derecho Tributario -al que había logrado incorporar a Italia, España y Portugal-, cuyas fecundas Jornadas organizaba y planificaba hasta en sus mínimos detalles.

Comenzaron, en ese año, a lloverle honores. La Universidad de Santiago de Compostela lo invistió como Doctor Honoris Causa. Y nuestra Facultad de Derecho, al cumplirse medio siglo de su acceso a la Cátedra -en 1946- le tributó un gran homenaje. Víctor Uckmar, maestro genovés, se contó entre quienes le reconocieron sus inmensos méritos. Valdés dijo entonces que... no sabía si se iba a retirar. Otro récord. Murió en 1997. ¡Salve Maestro!

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