Cualquier observador extraterrestre que dirigiera su atención a lo que ocurre, por ejemplo, en nuestro continente sudamericano, no podría salir de su asombro. Es que la tan mentada racionalidad de la especie humana se vería seriamente cuestionada por las pruebas en contrario que frecuentemente ofrecen varios de los países componentes de este lugar del mundo.
En efecto, la realidad imperante en la isla de Cuba -fiel reflejo de las oscuridades, falsas predicciones y alejamiento total de la condición humana que profesa la ideología marxista que le sirve de sustento- nada tiene que ver con la posibilidad de satisfacer elementales necesidades tales como el respeto a los derechos humanos, el culto a la libertad y a la iniciativa individual y la aplicación de normas productivas que garanticen alimentar a la gente, ampararla bajo un techo decoroso y brindarle una vida digna.
El extraterrestre no sería capaz de comprender -nosotros tampoco- cómo, luego de 49 años de régimen personal, unipartidario, liberticida y policíaco, el castrismo convirtió a la sociedad cubana en una población deprimida que sobrevivió, primero, gracias a las dádivas de la ex URSS y, ahora, merced a un turismo privilegiado, a las remesas de los emigrantes cubano forzosos y a los petrodólares de Chávez.
Más aún, recién casi siglo después de iniciada la revolución castrista, los cubanos pueden adquirir simples artefactos electrodomésticos, computadoras y celulares. Incluso, el novel progresismo habanero autoriza a los cubanos a gozar de playas, restaurantes y hoteles hasta ahora reservados a extranjeros (¡Vaya igualdad social!) pero que ahora son puestos al alcance de todos los isleños que ganen muchísimo más que los 19 dólares, promedio de sus ingresos al mes.
Nuestro extraterrestre se caería de espaldas frente a tanto fracaso e inoperancia.
Sin embargo, todavía puede sufrir impactantes impresiones a poco que se acerque al Río de la Plata. Allí, en lo que el ex presidente Duhalde calificó como "el más grave conflicto de la historia argentina", el agro se rebela contra el gobierno -que quiere aumentar la detracción de sus exportaciones- y corta el pasaje por unas 400 rutas provocando una verdadera crisis alimenticia en los centros urbanos. Se producen durísimos enfrentamientos verbales entre las máximas jerarquías gubernamentales y los dirigentes del agro y, también, choques físicos entre los piqueteros "oficiales", gendarmes y los cortadores de rutas. El ministro Aníbal Fernández anuncia que "el paso de los camiones del Mercosur será garantizado". La turbulencia cesa y las partes acuerdan una tregua de 30 días.
El extraterrestre no puede dar crédito a lo que ve y oye: ¿Cómo? -se pregunta. ¿Qué derecho le asiste a la llamada Asamblea de Gualeguaychú para cortar el tránsito a través de los puentes sobre el río Uruguay? ¿Es que ese grupo de piqueteros está habilitado para manejar a su antojo el tránsito comercial, familiar y turístico hacia el Uruguay porque cuenta con la complacencia de los gobiernos nacional y provincial mientras que otros piqueteros -no oficiales- no pueden hacer cosas similares porque contradicen los planes de la Casa Rosada? ¿Por qué el gobierno argentino es principista y legalista ante la rebelión agropecuaria y deja de serlo ante los piqueteros ribereños ?
El mismo asombro que sacude al extraplanetario sacudirá, también, al Tribunal de La Haya.
Luego, el extraterrestre enfoca hacia la otra orilla del Plata y encuentra que el partido gubernamental se está cayendo a pedazos, movido por la irrefrenable ansiedad recaudadora que le permitirá dispensar dádivas a voluntad y captar y financiar los votos que necesita para renovar su mandato. Constata que los otrora sediciosos que secuestraron, asesinaron, dinamitaron, robaron, coparon y extorsionaron se han convertido en ministros, legisladores, supremos jerarcas administradores y directores y docentes de organismos educacionales, que no han dado ninguna señal de arrepentimiento por su pasado y que, en cambio, se arrogan, por sí y ante sí, el carácter de defensores monopólicos de los derechos humanos y hasta tienen la osadía de presionar a la Suprema Corte de Justicia y de poner en tela de juicio la honorabilidad de algunos de sus integrantes.
Alarmado y asustado por la inexplicable complejidad de la naturaleza humana, el extraterrestre resolvió cambiar de órbita y alejarse.