El sello que se estampó tras dos porrazos

JORGE SAVIA

Aún sigue faltando mucho para que Peñarol sea el que quiere Matosas, según la que el técnico ha definido y probado es su forma de ver y sentir el fútbol.

Falta identidad, sobre todo; más que por la carencia de la solidez defensiva exigible a un cuadro grande, y que no solamente los dos "porrazos" que le metió Juventud, volvió a exponer el conjunto aurinegro en el fondo.

Ya sea por la "Francodependencia" -si un cuadro tiene a un goleador es para que meta goles- o por la circunstancia de abrir el camino de la victoria con un corner ejecutado por Pacheco al mejor estilo de Bengoechea y cabeceado por Franco como el "Lucho" Romero en los mejores tiempos de Gregorio, este Peñarol tuvo bastante más que ver en la víspera con el de épocas pasadas -de las buenas y de las otras- que con el de un futuro tan a corto plazo que su horizonte no va más lejos del desarrollo del actual Torneo Clausura.

Por ejemplo, para ser un equipo de Matosas, a este Peñarol le falta toque y sociedades por el medio, y desborde por las puntas. Sin embargo, ayer selló el triunfo con los goles de Franco y, nada más ni nada menos, que de Bueno. Dos símbolos, en la cancha y para la tribuna. No es suficiente, claro; pero tampoco es poco.

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