BILBAO AGENCIAS
ETA se está haciendo notar en la campaña electoral española. Ayer hizo estallar otra bomba, la segunda desde que comenzó oficialmente la campaña, y se colocó una vez más en los diarios, en los medios y en la agenda de los candidatos.
El estallido ocurrió en "La Casa del Pueblo", una sede del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la localidad vizcaína de Denia. Minutos antes de la explosión, una llamada anónima en nombre de la organización terrorista vasca alertó a las autoridades, que de inmediato acudieron al local. Encontraron una bolsa y una mochila en la puerta, según testigos colocadas por dos encapuchados. A la hora señalada hizo explosión. Era la una de la mañana.
Fue el segundo atentado de ETA desde el 22 de febrero, cuando comenzó la campaña electoral. Las autoridades temían que esto pudiera suceder, que ETA quisiera participar de alguna forma en la campaña, y desde que ésta comenzó decretaron la "alerta máxima".
Tuvieron razón, incluso antes de lo que podían imaginar. El 23 de febrero la organización separatista puso una bomba en una antena repetidora de televisión cerca de Bilbao (capital de la provincia vasca de Vizcaya). El gobierno autónomo vasco consideró que fue una trampa destinada a los agentes que iban a desactivarla, tras recibir un aviso de la organización.
El gobierno regional del País Vasco, los partidos políticos y las organizaciones sindicales condenaron el atentado de ayer. El Ayuntamiento de Derio convocó a una concentración de repudio.
El terrorismo volvió a la agenda española. Y si bien los candidatos Rodríguez Zapatero (PSOE) y Mariano Rajoy (PP) discutieron acaloradamente sobre el tema el lunes pasado durante un debate televisivo, ambos se han comprometido públicamente a combatirlo. Saben que es uno de los temas que más le preocupa a los ciudadanos españoles. Según los estudios del oficial Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es de las primeras tres preocupaciones de los ciudadanos, alternándose con la inmigración y la desocupación.
Asimismo, estas explosiones ponen otra vez sobre la mesa el fantasma del 11 de marzo de 2004, día del peor atentado en la historia de España, con 191 muertos, también considerada la jornada que el PP perdió las elecciones que se iban a celebrar tres días después. Hasta el "11-M", el entonces candidato oficialista, Mariano Rajoy, aventajaba en las encuestas a Rodríguez Zapatero. Tras el fatal atentado, el presidente del gobierno, José María Aznar, salió a los medios a responsabilizar a ETA del mismo. Pero Al Qaeda asumió el ataque. Una investigación posterior, determinó que fue obra del terrorismo islámico.
El "11-M" cambió ese 2004. Zapatero se puso a la cabeza, triunfó en las urnas y llegó al gobierno. Hoy también está primero en las encuestas.
Su gobierno intentó un frustrado diálogo con la organización armada después de que ésta decretara un alto el fuego permanente en marzo de 2006, que rompió en la práctica el 30 de diciembre de ese mismo año con un atentado contra el aeropuerto de Madrid, en el que murieron dos ecuatorianos, y que dio por finalizado oficialmente en junio del pasado año.
"¿Qué hizo usted? Negoció con ETA, les dio esperanza, nos dijo que querían retirarse, que mostraban una voluntad inequívoca, que usted había verificado", le achaca Rajoy a su opositor.
Desde el fin del alto el fuego, la organización incrementó sus acciones violentas -el 1° de diciembre mató a dos policías españoles en Francia-, al tiempo que la policía y la justicia española han aumentado la presión con varias detenciones de activistas de ETA. En toda la legislatura de Zapatero murieron cuatro personas a manos de la organización terrorista vasca.
"Lo que más lamento es no haber podido evitar las víctimas mortales que hemos tenido en este período", dice el candidato y actual presidente.
ETA es considerada culpable de 819 muertes en 40 años de campaña terrorista por la independencia del País Vasco.