Gobierno maquillador

Hace varias semanas se estaba recopilando material para un editorial con este título cuando un ex Presidente del Banco Central formuló duras críticas al manejo del índice de precios al consumo por parte del Ministerio de Economía, expresando que se estaba "maquillando demasiado". Y pocos días más tarde, en las "Cartas al Director" de un colega, un lector expresó que "Astori confunde, maquilla y engaña" proporcionando cuatro ejemplos concretos de retoques faciales, que en algún caso llegaban hasta la cirugía estética. El hecho de que, en tres oportunidades diferentes, tres personas distintas, que no se conocen, hayan utilizado independientemente la misma expresión sobre un mismo tema, quiere decir que la clínica de belleza fiscal existe, es notoria y que el gobierno está recurriendo a ella con demasiada frecuencia como para que se puedan disimular sus alcances.

Complementando los tratamientos ya divulgados, es oportuno recordar que el recurso tuvo su eclosión a principios de septiembre del año pasado con las siete medidas adoptadas para frenar una inflación que se les iba de las manos, recurriendo a una rebaja presionada en la carne de ave; a una reducción en el precio del boleto; a otra rebaja en el de los combustibles, - que van a pagar todos los habitantes a través de un endeudamiento de Ancap-; un ajuste de las tarifas de UTE y ANTEL ("efímera, transitoria" según el Ministro de Economía); una nueva amenaza de importar frutas y verduras y una reducción (también "de efecto mínimo") en la cuota mutual.

Como le sucede a algunas señoras después que empiezan a verse bonitas, perdido el pudor de los primeros retoques, la visita a la clínica se convirtió en casi regular.

Realmente, el tratamiento lo habían empezado en el mes de mayo cuando el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley autorizando a calcular el impuesto de Primaria según el viejo y no el nuevo valor catastral de los inmuebles, habiéndose vuelto a él cuatro meses más tarde, a través de la Rendición de Cuentas, al agregar que el valor real computable a los efectos del impuesto al patrimonio y al de transmisiones inmobiliarias fuera el que resultare de promediar los valores reales fijados por Catastro durante los últimos cinco años para terminar prorrogando, en los departamentos de Montevideo y Canelones, hasta el 2008, la aplicación de los nuevos valores establecidos a los efectos de la Contribución Inmobiliaria.

Perdido todo el pudor, en el mes de octubre el Banco Central elevó dos puntos la tasa de interés de referencia (interbancario) para que no se le vieran las arrugas a la inflación y en noviembre se anunció que el Instituto Nacional de Estadística modificaría las bases para el cálculo del Índice de Precios al Consumo (IPC) y el Medio de Salarios (IMS) cambiándose la medición a partir de este año, dentro de lo cual se cambiaría también el índice de pobreza. Como si la pobreza se definiera sólo por decreto.

Esos nuevos criterios, además, van a lograr que no se puedan comparar con los del pasado o que las comparaciones sean artificiales, ya que los componentes en una y otra época van a ser diferentes. Sumándose a esos subterfugios, el Ministro de Economía pretendió que los ajustes en el sector público fueran por inflación futura eliminando el "gatillo" de reajuste por inflación pasada.

El paroxismo llegó a su tope cuando el mismo ministro desautorizó al Instituto Nacional de Estadística diciendo que la caída del desempleo no se debía al hecho de que muchas personas dejaron de buscar trabajo sino porque "la inversión no para de crecer", en un estado de espíritu que más tarde lo llevó a decir que la mejora de la situación interna tampoco se debe a la coyuntura internacional sino a méritos del propio gobierno.

Lo peor no es que el gobierno nacional quiera parecer bonito sino que su vanidad trascendió y hasta la Intendencia de Montevideo pretendió rejuvenecerse. En ese sentido, en la Junta Departamental se denunció que la Intendencia gastó en salarios de los funcionarios de Casinos U$S 600.000 más de lo previsto, realizando, -según lo manifestó un edil-, "un maquillaje fiscal para enjugar el déficit".

Ante esas comprobaciones recobra vigencia un viejo refrán según el cual la mona, aunque se vista de seda, -o se maquille-, sigue siendo mona.

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