XIMENA AGUIAR
Llovió a intervalos durante todo el día y la noche. Eso no amedrentó a los tambores ni a la gente, que volvió a desbordar el barrio Sur, en la segunda jornada de las Llamadas. A las 23.30 se suspendió el desfile.
La humedad obligó a extremar cuidados en el temple de los tambores. Las fogatas fueron más intensas que otras veces y más prolongado el tiempo en que las lonjas eran expuestas al calor. El desfile comenzó bajo relámpagos y un cielo amenazante. Pasadas las 21 horas, cuando salía la comparsa La Gozadera empezaron a caer unas gotas que se hicieron copiosas en segundos. Paraguas, pilots y hasta bolsas de nylon salieron a relucir y nadie se movió de su lugar. Minutos después el alerta había pasado y así se mantuvo varias horas, con lluvias que duraban apenas dos o tres minutos, como para refrescar la fiesta.
Los 15 jurados del desfile darán a conocer luego del desfile de esta noche, con las 10 comparsas que ayer no pudieron mostrarse, quiénes son los conjuntos ganadores, así como las menciones especiales, que incluyen a la mejor cuerda de tambores -tal vez el galardón más apreciado por los que dejan sudor y sangre en las lonjas- y al mejor cuerpo de baile además de a las figuras individuales más destacadas.
La comparsa triunfadora obtendrá un premio de $ 76.400.
"Un carnevale di popolo", decía un veneciano sacando fotos de las comparsas desde una azotea. Después de las negras que no pueden evitar salir bailando atrás de los tambores, los extranjeros que se iniciaron en las Llamadas de la mano de algún conocido uruguayo eran los más entusiasmados con el desfile por Isla de Flores.
Las banderas de Peñarol y Nacional que antecedían a Sarabanda, la primera comparsa en desfilar el jueves, despertaban fácilmente los gritos y el ambiente de hinchada entre los espectadores.
Pero en la cuadra de Carlos Gardel y Cuareim, Marta, una "mama vieja" del público, se desvivía por la bandera de Yambo Kenia. "Esos colores son de Buceo", gritaba, levantando la mano para acariciar con devoción la tela y salía a bailar junto con las figuras de la comparsa. Las bailarinas agradecidas. El entusiasmo se contagia y crece.
A unas cuadras de allí, un niño con un tambor miraba el desfile en la televisión, dentro de su casa. Su familia se encargaba de atender a las cerca de 20 personas que alquilaron un lugar en su azotea, en la esquina con Carlos Quijano. Allí se mezclaban uruguayos y extranjeros que encontraban en las alturas el equilibrio justo: una buena vista del desfile y cierta prudente distancia del público que se apiñaba en las calles.
Entre ellos, había tres amigos uruguayos que decidieron a último momento ver el desfile y, como no quedaban entradas en el palco, buscaron en internet una azotea para alquilar. Uno va todos los años, los otros dos no iban "desde que estaban solteros", contaron mientras bromeaban tomando cerveza. Desde el balcón cuelgan banderas de Pilsen. Por cada una le dieron al dueño de casa seis paquetes de 12 cervezas chicas (de 330 cl.), para que vendiera.
Junto al trío, un uruguayo de pie, serio y orgulloso, acompaña a su hijo Alex, de 23 años, que nació en Barcelona y el jueves veía por primera vez las Llamadas. Un poco más allá, tres jóvenes de Buenos Aires vinieron a ver a una amiga argentina que baila por primera vez en una comparsa.
Muchos turistas llegan a ver las Llamadas gracias al vínculo con algún uruguayo. Cristina Lavegnino tiene casa en Belvedere, pero vive en Roma. Desde su lugar en la azotea se quejaba del humo de las parrilladas, que tapó el olor de su perfume francés. Su cosmopolitismo no le impidió seguir las Llamadas por internet cuando estaba en el exterior ni seguir siendo hincha de Yambo Kenia.
El veneciano Giorgio Padoan, que la acompañaba, sacaba fotos desde la azotea. Padoan dijo que le gusta el Carnaval uruguayo porque es "popular", "hecho por la gente". No le resultó fácil compararlo con el de su ciudad. "Tiene otra tradición, el Carnaval de Venecia viene de los palacios, los bailes de máscaras, está basado en los personajes de la comedia del arte. Aquí tiene que ver con la liberación de los esclavos", explicó. "La mayor diferencia, es que allá hace frío y aquí calor. Y es mejor el Carnaval con calor", dijo riendo.
También entusiasmado con la tradición negra, Carlos Rodríguez, argentino de Concordia, estuvo viendo el desfile desde la calle, con remera de Fuera de ambiente, el último disco de Jaime Roos. Está viajando con su novia, y quiso que ella viera las Llamadas. "Estamos en esa etapa de descubrimiento, aprendiendo el uno del otro, y yo quería traerla acá", contó. Se siente ligado afectivamente a estos tambores, porque es hijo de uruguayos y tiene "un interés particular por la cultura afro". Al día siguiente, en su blog, colocaba una foto de Sarabanda y comentaba "Fue increíble estar allí, (...) sintiendo el tronar del suelo ante las cuerdas de decenas de tipos golpeando, como en un rito afro, sus lonjas y maderas".
DE RAZA. Isabel, que bailaba junto con Marta detrás de las comparsas, lamentó que no hubiera más negros tocando en las Llamadas. "Muchos negros se discriminan ellos mismos, piensan que si tocan el tambor son uno más, en vez de fijarse en lo que sienten", afirmó.
Marta seguía a todas las comparsas, Isabel sólo se ponía de pie cuando los tambores le movían el cuerpo. Acompañaba media o una cuadra y después volvía a buscar un lugar; esperaba a la última comparsa para acompañarla hasta el final. Isabel salió una vez, con la comparsa que formó Tina Ferreira, "porque ahí éramos todos familiares", contó. Marta nunca participó de una comparsa porque no le gustaba "el ambiente de las bañaderas". Era la primera vez que se veían, pero se entendieron de inmediato. "Es por la sangre. Por el color de la piel. Escribí eso que es importante", dijo Isabel, vestida con la remera de fútbol roja y blanca de su hijo, el jugador "Betito" Acosta.
Desde los parlantes se escuchaba un pedido de aplausos para lo que estaba pasando frente al palco oficial. "Tendría que transmitir un negro, porque el negro sabe", dijo Isabel. Y comenzó a demostrar: "Esos tambores vienen cansados, son más tradicionales. Los modernos son rápidos, con cortes y cambios de ritmo"; "Para diferenciar a los que tocan bien hay que fijarse en el corte" ; "Esos tacos son muy anchos, no son válidos". Marta dijo que se distingue a los mejores "por el oído". Le cuesta explicarlo porque lo tiene demasiado incorporado. "Por el retumbe. Escuchá como suena, todo parejito, precioso...". Luego vio pasar a unos gramilleros y se levantó a bailar diciendo "disculpame, pero esto, no me lo pierdo". (Producción: Gustavo Trinidad)
Vázquez se fue justito antes del chaparrón
La presencia de buena parte del Poder Ejecutivo, incluyendo al presidente Tabaré Vázquez compitió con la atención que los medios de prensa dispensaron a las comparsas. Vázquez estaba escoltado por el intendente Ricardo Ehrlich, el ex intendente Mariano Arana, el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, José Mujica, la subsecretaria de Turismo, Lilian Kechichián, y la ministra del Interior, Daisy Tourné, entre otras autoridades. El presidente acompañó cada comparsa haciendo palmas y aguantó las rachas de lluvia. Ante Vázquez las comparsas hacían la deferencia de un saludo con "cortes" en el toque y especial coreografía de las bailarinas. Por esto algunas peligraron pasarse de los minutos establecidos para hacer el recorrido.