Daniel Rosa
Terminó el verano futbolístico y Nacional levantó las dos copas que habían en juego. Nuevamente por penales (4-2), como en la Copa Ricard, los tricolores se alzaron con el título de la Copa Suat. Sin embargo, sería un error caer en la euforia de dos títulos amistosos. Son muchas las preocupaciones que dejó en el arranque de año el conjunto de Gerardo Pelusso.
Lo mejor fueron las victorias clásicas. Curioso (y reconfortante para los hinchas) al menos resulta que precisamente los únicos dos partidos que ganó Nacional fueron ante el tradicional rival, porque frente a Vaduz igualó 1-1, contra Deportivo Saprissa fue 0-0 y anoche contra Universidad de San Martín de Porres una vez más fue 1-1. Sacando eso, hay poco más para destacar.
Anoche el tricolor la pasó fea. Fue dominado durante los primeros 45 minutos y se encontró ante un equipo peruano que, aun siendo muy livianito arriba, manejó mucho mejor la pelota.
Del partido, que por momentos fue una tortura, hay poco por decir. Quizá sea más interesante sacar algunas conclusiones. Hay una que rompe los ojos: este Nacional es uno con Ligüera y uno completamente diferente sin él.
A esta altura tanto el cuerpo técnico como la gerencia deportiva deben replantearse si lo que se necesita es un volante mixto, como se está buscando, o un sustituto para Ligüera. Nicolás Lodeiro tiene mucho futuro, pero su falta de experiencia lo inhabilita para ser el conductor futbolístico del equipo, al menos en forma inmediata. Afrontar la Libertadores sin un respaldo adecuado para Ligüera parece demasiado arriesgado. ¿Qué pasa si Martín se lesiona, se enferma o es expulsado? No tiene sustituto y no importa si arriba están el "Chengue" Morales, Fornaroli o quien sea. Si él no está para hacerles el juego, Nacional está perdido.
Otra preocupación es el momento del argentino Juan Pablo Pereyra. No sólo sigue haciendo gala de una exasperante individualidad -razón por la cual no es titular, porque condiciones le sobran-, sino que desde hace ya un buen tiempo ni siquiera es capaz de eludir un rival. Choca sin remedio contra los contrarios. Si largara la pelota distinta sería la historia.
El partido de ayer fue un ejemplo. A los 84´ quedó de cara al arco, encaró, tenía sólo por la derecha a Gerardo Acosta y en vez de pasarla quiso gambetear. Resultado: perdió el baló. Dos minutos más tarde el ataque peruano tuvo la misma jugada, pero Ovelar, el vez de enganchar, cedió el balón a Jair Céspedes y éste, con un tiro cruzado, puso el 1-0.
Nacional empató en el tercer minuto de descuento cuando Lodeiro transformó en penal una falta en el área a Fornaroli. Luego, el tricolor fue más certero en la definición desde el punto blanco y alzó la copa.
Dos torneos, dos títulos. Un gran arranque en resultados. El balance futbolístico no es tan bueno.