El canciller brasileño, Celso Amorim parece que finalmente se ha enterado de la tensa situación entre Argentina y Uruguay como consecuencia de la planta de Botnia y el bloqueo de los puentes internacionales. Así fue que dijo "si dos miembros de una familia no tienen buenas relaciones, esto afecta de alguna manera los intereses comunes". Genial: tardó dos años en darse cuenta.
Esta falta de reflejos del canciller, sumado a su campaña para el ingreso de Venezuela en el Mercosur -pese a la sabia negativa del Senado de su país- parecen reflejar que Itamaraty ya no es tan exigente con su gente como antes.
Sólo así podría explicarse cómo Brasil ha ido perdiendo su liderazgo en la región. Tal vez el traspié interno de Chávez lo ayude. Pero no será por sus méritos propios.