Entre Bush y Ho Chi Minh

JAVIER GARCÍA

Vietnam y los vietnamitas seguramente tienen alguna razón más que Uruguay para no querer a Estados Unidos. En la memoria de su pueblo no debe ocupar poco espacio el recuerdo de esa guerra larga y cruel con la mayor potencia militar del mundo.

Por allí, en estas horas, estuvo buena parte del gobierno uruguayo enterándose que el desarrollo espectacular de aquel país asiático se fundamenta, entre otras cosas, en un tratado de comercio bilateral con EE.UU que sirvió para multiplicar por ocho las exportaciones vietnamitas a ese país.

Vázquez elogió el pragmatismo de Vietnam para acordar un tratado de comercio bilateral y señaló que esto es un ejemplo para Uruguay.

En las etapas previas a la visita el canciller Gargano, según se lee en la página web de Presidencia, destacó que Vietnam es el segundo país con mayor crecimiento mundial después de China habiendo crecido 8,4% en 2006. Seguramente buena parte de este impulso económico de aquella nación socialista es el tratado suscrito con el capitalista EE.UU.. Pero de eso se olvidó.

El gobierno uruguayo resalta el crecimiento explosivo de Vietnam y su pragmatismo para olvidar viejas cuentas pendientes con el país del Norte, sin embargo aquí priorizó la ideología sobre la economía cuando rechazó firmar un TLC con EE.UU. Le parece bien que Vietnam supere sus diferencias políticas con aquel país pero es incapaz de superar las propias.

Mientras en Asia el presidente se deslumbraba, el canciller uruguayo que una vez más fue ignorado por Vázquez que lo dejó en Montevideo y salió a hacer relaciones internacionales sin su ministro, insistía aquí en "más y mejor" Mercosur y destacaba las "excelentes" relaciones diplomáticas con Argentina. Todo ello tan real como la existencia de los Reyes Magos.

Simultáneamente aquí en Uruguay el profesor Dighiero, director de la filial uruguaya del Instituto Pasteur de París dijo que nuestro país no tiene ninguna posibilidad de ser competitivo ni en la región ni en el mundo si no invierte más en ciencia y tecnología. Criticó la circunstancia de no aprovechar el crecimiento económico para invertir en esos rubros, se confesó triste por ello y pidió que el gobierno mire a Finlandia que, agregamos nosotros, es mucho más que Botnia.

En verdad este desencanto es el que tienen muchos en la comunidad científica con un gobierno a quien creían un fiel representante de la inteligencia y la intelectualidad nacional, comprensivo de su importancia y que iba a respaldar el desarrollo científico y tecnológico.

El gobierno viaja a Vietnam, Nueva Zelanda y habla de Finlandia, pero no hace nada de lo que allí ve.

No hace políticas de largo plazo, ni acuerdos comerciales ni inversión en tecnología.

Desde el gobierno se insiste en ver al mundo con los lentes de la guerra fría. En ese esquema es que desde aquí se le hace la procuración a Chávez para que el Mercosur lo acepte.

Cada vez que nos acercamos a aquel, nos alejamos del mundo. Solo nuestros jerarcas se creen la monserga chavista. Tan miopes que nadie reaccionó en el gobierno, sabiendo el papel que España juega en nuestro conflicto con Argentina, respaldando al rey Juan Carlos cuando se enfrentó a Chávez. Kirchner, rápido, lo ponderó frente a un periodista. Perdimos nuevamente.

El mundo enseña que ideología y negocios caminan separados. Lo saben todos, menos la mesa política del Frente Amplio que cree que cantando "La Internacional" se abren los mercados.

Mientras en Asia el presidente se deslumbraba, el canciller otra vez fue ignorado por Vázquez que lo dejó en Montevideo.

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