JUAN ORIBE STEMMER
Existen señales alentadoras de que el cambio del clima global finalmente ha salido de los exclusivos confines de la torre de marfil de la investigación científica para entrar a la agenda política de los Estados.
O de que, por lo menos, se están haciendo esfuerzos para poner la información necesaria a la disposición de los ciudadanos y sus gobernantes, con el fin de darles los elementos de juicio que requieren para reducir las acciones humanas que contribuyen a aquel cambio y prevenir sus consecuencias más preocupantes.
Una de las características de nuestra época es la presencia, simultánea, de dos tendencias: un acceso cada vez más amplio, directo y completo al conocimiento científico y una creciente especialización del conocimiento.
El primer proceso se debe principalmente a Internet. Por ejemplo, si introduce las palabras "climate change" en su buscador Google accederá a 95.400.000 resultados, si pone "cambio climático", en castellano, accederá a 1.870.000 sitios, y siguen aumentando.
Al mismo tiempo, comprender la información científica acerca de las causas del cambio exige una base de conocimiento que pocos poseen. Corremos el riesgo de transformarnos en una sociedad muy informada pero esencialmente ignorante.
Lo que plantea un gran desafío. Porque uno de los requisitos clave para la democracia es la existencia de una sociedad bien informada, capaz de tomar decisiones en forma directa, racional y responsable.
Esto es especialmente importante en el caso del cambio climático: las estrategias para contener ese proceso y para atenuar sus efectos negativos supondrán necesariamente modificaciones sustanciales en nuestras vidas.
Por este motivo es imprescindible construir puentes entre el conocimiento científico y la información disponible para los ciudadanos.
Afortunadamente, es posible mencionar tres desarrollos valiosos en esa dirección.
Uno de ellos fue el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (Intergovernmental Panel on Climate Change o IPCC), y al ex vicepresidente de Estados Unidos, Albert Gore, en reconocimiento de sus esfuerzos para crear y difundir el conocimiento científico sobre el cambio del clima global y para impulsar la adopción de políticas necesarias para contrarrestarlo. Otro desarrollo ha sido el Informe elaborado por Sir Nicholas Stern, Director del Servicio de Economía del Gobierno británico y asesor sobre los aspectos económicos del cambio climático, publicado en octubre de 2006. El estudio estima los costos económicos del cambio global, de no hacer nada o de adoptar a tiempo medidas dirigidas a atenuar su impacto.
Un tercer desarrollo será la publicación a mediados de este mes de la parte final del Cuarto Informe de Evaluación elaborado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas. Este documento de síntesis, se ha señalado, es el esfuerzo decisivo para integrar y compactar la enorme cantidad de información reunida por el Panel para producir un documento conciso dirigido a los tomadores de decisiones políticas. Y, agregamos, nosotros, a los ciudadanos y ciudadanas que habitan este planeta.
Ese mayor conocimiento no se debe referir solamente al proceso del cambio del clima, sino también a sus posibles consecuencias, no sólo dentro de las fronteras de cada país, sino también, en un nivel regional y global.