WASHINGTON EFE Y AFP
El anuncio del presidente de Estados Unidos, George W. Bush de retirar tropas en Irak, debe soportar el contrapeso de reveses inmediatos: el asesinato de su principal vocero en Irak, y el estancamiento del gobierno "aliado" de Nuri al-Maliki.
En momentos en los que buena parte de la ciudadania -respaldada por la oposicion demócrata que domina el Congreso- cree que su país debe retirarse militarmente de Irak, el presidente estadouniense dio el jueves un discurso de relativa concordancia con esa voluntad.
Entre 21.500 y 30.000 soldados se retirarían de Irak -con julio próximo como plazo-, de un total de 168.000 desplegados en todo el país, anunció Bush. Incluso el secretario de Defensa, Robert Gates, fue más allá y sostuvo ayer que es posible una mayor reducción del contingente militar en Irak, dejando sólo 100.000 efectivos, aunque tal medida no se concretaría hasta fines del año próximo.
SITUACIÓN. Los analistas creen que las palabras de Bush, le consiguen más plazo a su estrategia, y además estira la toma de una resolucion definitiva, derivándola al proximo presidente, en enero de 2009.
Bush anunció su optimismo al tiempo que recibía dos noticias negativas. El jueves, se produjo el asesinato del principal portavoz estadounidense en Irak, Abu Risha. El grupo conocido como Estado Islámico de Irak, un conglomerado rebelde vinculado a la red Al Qaeda, se atribuyó ayer la autoría del atentado.
El presidente estadounidense sostuvo en su discurso que su país mantiene el compromiso de garantizar la ayuda económica, política y de seguridad a Irak. Sin embargo, pocas horas después, la Casa Blanca divulgó un informe en el que revela que la gobierno del primer minsitro iraquí, Nuri al-Maliki, casi no ha logrado avances significativos. De 18 metas políticas y militares, en los últimos meses, sólo ha logrado cumplir nueve. Una de las falencias es clave: que las tropas locales puedan operar con independencia de las estadounidenses.