JUAN MARTIN POSADAS
No sé por qué será. Quizás sea porque la mitad de un período de gobierno induce al balance, quizás porque con la reforma tributaria la gente está perdiendo la calma (y el PIT, que es pizarrero viejo, se pasó para el lado de la protesta). El hecho es que la pregunta se ha condensado sola: ¿A dónde se dirige el país? ¿Cuál es, en definitiva, la ilusión que lo mueve?
La palabra ilusión es eminentemente resbalosa; tiene acepciones honrosas y otras deleznables. Cuando se dice: aquello no fue sino una ilusión se alude a algo inconsistente, volátil y que rápidamente se esfuma. Pero, por otro lado, no hay progreso sin ilusiones, no hay vitalidad y entusiasmo que no esté sostenido por un sueño, un anhelo, una ilusión. ¿A dónde iría una sociedad sin ilusiones?
El triunfo electoral del Frente Amplio fue una ilusión. No lo fue para mí; quizás tampoco para algún lector, pero la realidad es la realidad y hay que saber reconocerla, aunque no sea del gusto de uno. Para medio Uruguay en ese momento se cumplió o se abrió una ilusión. ¿Fue una primera ilusión o la última ilusión?
La victoria del Frente Amplio ¿fue una ilusión inaugural, largamente anunciada, esperada después de años, primera después de tanta espera, de tanto desengaño cosechado en otras tiendas? ¿O fue la última ilusión, el último cartucho, lo único que quedaba por probar, después de lo cual no hay más nada, sólo el vacío?
Existen indicios tanto de lo uno como de lo otro. Mejor dicho: algunos uruguayos lo sintieron de una manera y otros de la otra. En mi modesta opinión se trata de apariencias. En ambos casos. Es sabido que la ilusión es algo francamente subjetivo. Las ilusiones adquieren una formulación colectiva cuando alguno de esos magos de la psicología de masas o los grandes líderes nacionales las captan y les prestan palabra y discurso. Pero la ilusión, en esencia, es subjetiva, tiene su abrigo allá en lo más hondo y tibio del ser (por eso es tan terrible cuando muere una ilusión).
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿El triunfo del Frente Amplio ha sido la primera ilusión o la última? Me parece que ni lo uno ni lo otro: ha sido la ilusión de siempre, la vieja ilusión de los uruguayos que se ha ido a buscar por otro camino. La ilusión del Uruguay perdido, réplica del paraíso perdido. Como lo he escrito en otras oportunidades, el voto al Frente Amplio -excluido el pequeño carozo marxista- se explica por el deseo del uruguayo medio de regresar a aquel apacible y ahíto país de las vacas gordas, desterrado de la realidad pero vivo en la nostalgia.
Voy a terminar con la transcripción de un texto (que conservo como un documento). Constituye el ejemplo más espontáneo y genuino de lo dicho arriba. Fue tomada de la página hípica de un diario de la capital en marzo de 1990. Dice: "El Dr. Ricardo Vázquez fundó allá por 1937 el Hipódromo de Las Piedras. Durante los primeros quince años funcionó estupendamente bien y Don Ricardo era el Gardel de la hípica. Los empleados tenían derecho a la vivienda propia, médico gratis, atención odontológica ídem, juguetes en Reyes: aquello era un hipódromo de la Suiza de América. Pero se vino la desgracia porque los gobernantes entraron a hacer agua por todos lados. La única salida para nosotros es otorgar sueldos como los de antes. Para volver a ser la Suiza de América tenemos que remontarnos a aquel lejano 1937 cuando Don Ricardo Váz-quez era el Gardel de la hípica y los empleados de AFE tenían caballos de carrera". Fin de la cita. Está todo dicho.