JORGE SAVIA
"Los números no mienten... mienten los que los hacen", suele decir el Cr. José Pedro Damiani.
El razonamiento tiene que ver con "el tema del día" -aunque, en realidad, el motivo del mismo viene de hace ya unos cuantos años a esta parte- después de la eliminación celeste en la semifinal de la Copa América ante Brasil en Maracaibo: la razón de los malos resultados que recoge el fútbol uruguayo en la inmensa mayoría de los casos en los que un equipo de nuestro país -de club o la selección- ha tenido que ir a una definición por penales.
Es cierto, por esa vía Uruguay quedó afuera del Mundial ante Australia; y de la Copa América de 1999 -donde los celestes llegaron a las semifinales y a la final, justamente, por penales- sólo Nacional, entre 12 definiciones de ese tipo, incluyendo la del martes pasado, ganó una: en 2006, a Boca Jrs., por los octavos de final de la Copa, en Salta.
Es, pues, como para preguntarse: ¿qué pasa? Ahí, en la base del tema, parece haber no una casualidad sino una causa. Porque, si bien puede admitirse que al duelo que protagonizan el arquero y el ejecutante no es totalmente ajeno un componente como el del azar, que quizá se dé -por ejemplo- cuando el golero se tira hacia el lado que después va la pelota por una mera elección, sin siquiera haber intuido a donde iría el remate, la estadística parece ser apabullante: si la incidencia de ese factor fuera determinante, los resultados se repartirían más entre los equipos uruguayos y sus rivales. Y son casi siempre favorables a los adversarios. La tendencia es clara.
Sin embargo, "sin ánimo de polémica", como establece de entrada, Víctor Púa -técnico de la selección a la que le fue bien con los penales en la Copa América del 99, como también de la otra a la que le fue mal en la de Colombia dos años más tarde- dice que "a nosotros nos fue bien; de 14 definiciones, ganamos 12, y en esa que perdimos en la Copa América del 2001 por el tercer puesto contra Honduras, la pelota pegó en el palo".
Quiere decir, pues, que todo va en cómo se presenten los números, no sólo en lo que los mismos marcan: entre esas 12 victorias a las que alude Púa, hubo dos en el Mundial Sub 20 de Nigeria, donde Uruguay dejó afuera por penales a Paraguay y eliminó a Brasil con una pena máxima en los minutos finales.
El problema es real y grave, porque últimamente le ha impedido al fútbol uruguayo llegar en unas cuantas oportunidades más lejos de lo que -tanto a nivel de clubes como de selecciones- ha llegado. Pero no por eso se debe generalizar de una manera superficial, rápida.
Concretamente: desde que Uruguay ganó la Copa América por penales, nuestros equipos perdieron muchas definiciones de esa misma forma, pero tomando en cuenta las 12 de los representativos dirigidos por Púa, ganaron también unas cuantas. De modo que tampoco es cuestión de sostener a la ligera, al voleo, que es un mal de todo el fútbol uruguayo.
De la misma manera, no sería puntual, al menos, decir que es una carencia exclusiva del fútbol celeste de los tiempos actuales. Porque, es cierto, antiguamente había verdaderos especialistas en ejecución de penales: "Pepe" Sasía colocaba la pelota suavemente, contra un palo, como si lo hubiese hecho con la mano. Juan Martín Mujica, en cambio, "le arrancaba la cabeza" a los arqueros rivales. Pero siempre eran ellos los encargados de hacer efectivas las penas máximas. Y si había que tirar cuatro, tiraban las cuatro.
En suma: ¿qué hubiese pasado si hubiera existido en aquel entonces la definición por la ejecución de cinco penales? ¿Cómo habrían rematado los que tendrían que haber venido detrás de ellos? Como no pasó, nadie lo sabe.
El tema, entonces, es muy amplio. Quizá, incluso, abarque a una cuestión que en cierta medida se parezca a los virus o las enfermedades que son patrimonio del mundo contemporáneo: ¿surgieron ahora o existían, pero la ciencia -no tan avanzada como hoy- no alcanzaba a detectarlos y, en definitiva, quedaban escondidas, ignoradas, bajo denominaciones más generales?
Sea lo que fuere, no hay duda que un buen antídoto parece ser el que menciona Jorge Seré, que contuvo tres penales en la consagración de Nacional como campeón mundial de clubes en 1988 en Tokio ante el PSV Eindhoven de Holanda: "Quizá mucho pase por entrenar más el remate de los penales y elegir mejor a los ejecutantes".
No en vano eso es, también, a lo que refiere Héctor Núñez -técnico de la selección que ganó la Copa América del 95- cuando, ya en un plano más anecdótico, recuerda que en aquella oportunidad "cuando elegí al `Guti` (Álvaro Gutiérrez, volante de marca) para tirar uno de los penales, hasta en el círculo de mis colaboradores hubo sufrimiento, me miraron raro; ¡pero en las prácticas el `Guti`, igual que Tabaré Silva, habían tirado cientos de penales! Entonces, su tranquilidad y seguridad, era en lo que yo confiaba".
La causa, pues, del "síndrome de los penales", es de fondo, claro. Pero también responde a motivos más circunstanciales, puntuales, que los que se manejan tras un contraste -repetido- como el del martes pasado. Por ejemplo, Púa recuerda que a la hora de definir los ejecutantes, "yo tenía mi ranking de quiénes tiraban, pero decidía ahí, en el momento, porque también estaban los que no figuraban en esa clasificación que yo hacía de los penales que se tiraban en las prácticas, y pedían para tirar; entonces, yo a eso los mechaba". Y Jorge Fossati hace otro tanto con respecto a la definición en Australia: "Darío (Rodríguez) me dijo enseguida, `cuente conmigo, Jorge`; sin embargo, fue y erró, y no es porque le falte personalidad y carácter".
Por último, tampoco se puede afirmar, con pruebas palpables, en la mano, que es un mal que solamente aqueja a las generaciones de los últimos años del fútbol uruguayo: lo de antes no es comparable; así que no se sabe.
Un cañonero
"Si cambiás, ahí sí, ¡marchaste!"
"¡Qué va a ser suerte lo de los penales! La clave es querer tirarlos. Yo los tiraba fuerte y a un costado. La cosa era apretar la pelota para que no saliera alta. Como jugaba atrás, mientras iba caminando, decidía a dónde iba a tirarlo; y no cambiaba. Si cambiás, ahí sí, ¡`marchaste´!". (Juan Martín Mujica remataba los penales en el Nacional de los 60-70)
La historia de los penales con el paso de los años
Jorge Seré
En el 88 en Tokyo, Revelez, De Lima y Ostolaza nunca habían pateado penales, pero le pegaron fuerte y chau; hicieron lo que sabían, no cambiaron" .
Yo a Carini lo defendí como nadie, pero al ver que Doni se adelantaba y el juez lo dejaba, también se tenía que haber adelantado.
Víctor Púa
En la selección del 99 (foto), como en juveniles, practicábamos mucho. Y Carini y Munúa eran atajadores de penales".
En la Copa Améríca de 2001 fue una de las dos únicas definiciones que perdimos en todo nuestro proceso; y ese día con Honduras la pelota pegó en el palo".
Héctor Núñez
En el penal hay una cuestión sicológica entre el arquero y el que remata. En la Copa America del 95 (foto) los que tiraron tenían gran confianza".
En España, he `visto` parar penales antes de tirarlos: un compañero pateaba fantástico, pero un arquero del Barcelona lo dominaba.
Jorge Fossati
En la Copa América 2004 y contra Australia (foto) no tuvimos suerte de que el rival errara uno, como pasó en Maracaibo.
No digo que el penal no sea `entrenable`, pero por más que se ensaye, el momento ese no se puede recrear en ninguna práctica. Por eso, es una cuestión de carácter.