"Boom" de premios filantrópicos para promover cambios mundiales

Aportes. Magnates de la web invierten en más investigaciones e inventos

AGENCIAS Y THE ECONOMIST

¿Podría un auge de premios filantrópicos cambiar el mundo? Magnates de la web creen que sí y, reunidos este fin de semana en las oficinas de Google de Silicon Valley (EE.UU.), decidieron sacarse dinero de encima, en lugar de tratar de ganar más.

Larry Page -uno de los fundadores del metabuscador Google, con una fortuna personal estimada en unos US$ 14.000 millones- está buscando un recaudador de fondos para una de sus causas caritativas favoritas: la Fundación Premio X.

Se trata de un emprendimiento que persigue una de las más intrigantes tendencias en filantropía: promover un cambio mediante el otorgamiento de premios.

Un Premio X es una concesión de varios millones de dólares dada al primer equipo en alcanzar una meta específica, que tenga el potencial de beneficiar a la humanidad. Se busca premiar el honor, más allá de los logros, o financiar directamente una investigación.

La idea ya ha funcionado antes. El cronómetro fue inventado en el siglo XVIII para ganar un premio del gobierno británico. Charles Lindbergh se atrevió a ser el primer piloto en cruzar el Atlántico -en un vuelo sin escalas en solitario, en 1919- para ganar U$S 25.000, ofrecidos por Raymond Orteig, un empresario hotelero. Eso inspiró a Peter Diamandis, el creador del Premio X, a ofrecer U$S 10 millones para el primer vuelo espacial privado, ganado en 2004 por SpaceShipOne.

En octubre de ese año, la fundación lanzó su segundo galardón, para el Proyecto Genoma Humano. La consigna era "U$S 10 millones para el primer científico capaz de descubrir la secuencia de 100 genomas humanos, en 10 días".

En el mismo mes, Mo Ibrahim, un empresario sudanés de telefonía móvil, fue laureado con el premio anual de US$ 5 millones, más U$S 200.000 al año de por vida, destinado a ex líderes africanos reconocidos por haber gobernado bien.

La Fundación Rockefeller formó recientemente una sociedad con InnoCentive, un sitio web empresarial para poner a disposición retribuciones económicas a personas que resuelvan desafíos sociales especiales, publicados en el sitio.

Los U$S 1.500 millones del Compromiso Adelantado de Mercado -una organización creada recientemente por un grupo de cinco países ricos y la fundación de Bill y Melinda Gates- para estimular la producción de vacunas, son un ejemplo de retribución a la solución de desafíos.

Ahora, tras el evento del fin de semana, la Fundación Premio X planea contribuir a este "boom" filantrópico, con el anuncio de otros 10 premios, valuados en US$ 200 millones, en los próximos cinco años, en áreas que van desde el espacio y la medicina, hasta la educación y la energía . Este otoño, el Premio X será para el creador de un auto supereficiente.

Matthew Leerberg de la Universidad de Duck, destaca que los premios "se basan comúnmente en reconocimiento a los logros pasados" (como el Premio Nobel), o promueven "conciencia sobre las causas favorecidas por quienes conceden los galardones".

Las retribuciones que buscan incentivar, por el contrario, estimulan el alcance de metas específicas. Y esto representa una gran atracción para los filantrópos metódicos, como Larry Page. Esta nueva generación de donantes cree que la filantropía tradicional es tremendamente ineficiente.

Diamandis reconoce que los premios representan entre 10 y 40 veces menos que la cantidad de dinero invertido en el descubrimiento o invento. Aquellos arriesgados pilotos transatlán-ticos gastaron un total de U$S 400.000 para ganar los U$S 25.000 que ofrecía Orteig.

Diamandis sostiene que los esfuerzos de Page por recaudar fondos ofrecen aun mayor apalancamiento, pues estos con estas retribuciones estimulan a aquellas personas cuyo trabajo queda por fuera de la corriente dominante en las instituciones de investigación o la vida corporativa, pero que, de todos modos, tienen buenas ideas.

Sin embargo, esta visión podría ser errónea: los premios para los gobernantes honestos en África podrían ser muy pequeños, frente a otros incentivos. Los criterios necesitan claridad y sensatez, algo fácil de obtener en la ciencia; no así en áreas más imprecisas, como la política social. He aquí lo truculento del Premio X.

Por eso, la fundación tiene unos costos actuales de funcionamiento de U$S 50 millones, con los que solventa un equipo de 40 "expertos en premios", que identifican los más adecuados, escriben las reglas para estos casos de doble filo y tratan de generar el entusiasmo del público.

No todos quieren el premio

Aun con reglas claras y un gran premio, a veces no se logran los resultados esperados. De 1994 a 1999, la Fundación Rockefeller mantuvo la oferta de U$S 1 millón por la invención de un test barato y confiable de enfermedades de transmisión sexual. La oferta expiró sin reclamantes. Pero la Fundación Premio X mantiene la esperanza y desde su web (www.xprize.org) convoca a todo aquel que en el mundo tenga una idea que piense que merezca premiarse.

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