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Tony Blair volvió al lugar donde empezó todo, Myrobella, la casa que compró después al entrar al Parlamento en 1987. Es un lugar algo destartalado como tantos otros si no fuera porque a veces aterriza el helicóptero de George W. Bush en el fondo.
Con Blair de salida del gobierno, un oscuro aire a fin de regime flota en el lugar en estos días. "El final está acerca", apunta alguien en tono apocalíptico. Risas nerviosas. Lily, la esposa de John Burton, el agente político local, agrega: "Pero no parece, ¿no?".
Sí, parece. Y a Blair se le nota. Se fueron sus ojos vivaces y su sonrisa compradora. Su cabello está canoso, su rostro está horadado con los rigores de cinco guerras y una década en el poder. A los 53, el primer ministro está en forma. Pero en los últimos cuatro años ha sido golpeado más que ningún otro líder occidental, a excepción de Bush.
Blair personifica su época, como ningún otro líder británico de la posguerra, excepto Margaret Thatcher, transformando la política de su nación, y aportando una prosperidad imbatible. Cualquiera que venga después de él gobernará a su sombra. Su peso en el mundo y la ambición de su visión global, le dieron a Gran Bretaña, un nuevo rol mundial posimperial. Pero, ¿cómo será recordado por sus contemporáneos? Por el desastre iraquí, y la opinión de sus compatriotas de que abandonó el sentido común por seguir a Estados Unidos a una guerra innecesaria y catastrófica.
Eso es lo más irónico. Blair es inocente del peor cargo: ser el "perrito faldero" de Bush. Las encuestas muestran que fue su asociación con Bush lo que más lo dañó. Pero Blair no fue un mero seguidor. Para comprender a este hombre, dice uno de sus mejores amigos, hay que entender tres cosas: que es un abogado, un intervencionista y es un predicador convencido que logra ser convincente.
Esa es la trilogía genética de Blair. Es un anglicano que va a misa católica con su esposa católica y sus hijos pero Blair no hace alarde de su fe, aunque es la que impulsa su creencia en la intervención humanitaria. No tuvo dudas acerca de lo justo de ciertas causas: "Operación zorro del desierto" en Irak (1998), Kosovo (1999), Sierra Leona (2000) y Afganistán (2001). Los ataques del 11/S profundizaron sus convicciones. Para él, la guerra al terror es "una batalla de valores y para el progreso". "Y no hay retroceso", dice uno de sus asesores. "No es relativista", dice otro. "Es maniqueo sobre el tema. Es cowboys contra indios".
Cuando Blair apoyó a Bush contra Irak, era el más creyente de los dos, recuerda Sir Christopher Meyer, embajador británico en Washington desde 1997 hasta poco antes de la invasión. Mientras la manipulación de la Inteligencia previa a la guerra, siempre dejó sospechas sobre los verdaderos motivos de Bush para ir a la guerra, para Blair la guerra calzaba justo en su visión de sí mismo como un liberal intervencionista, usando el poder al servicio del bien.
En Myrobella, fustigó a la "comunidad internacional" por su "salgamos de aquí" tras el atentado de agosto de 2003 contra la ONU en Bagdad. Desdeñó a aquellos que dicen que Irak es un desastre: "pierden tiempo y energía en esa clase de negatividad". Preocupado por que los futuros líderes británicos quieran alejarse de Washington, advirtió: "Si nos distanciamos de EE.UU., nos daremos que hay un largo camino de regreso".
La guerra no es el único espectro en los últimos días de Blair. Como su primer amigo presidencial, Bill Clinton, Blair tiene su propio escándalo, el caso de los títulos nobiliarios pagos, en el que, presuntamente, donantes dieron grandes préstamos al Partido Laborista a cambio de bancas en la Cámara de los Lores. Blair ya fue interrogado dos veces por la Policía, pero no es sospechoso.
Blair ha sido muy críticado por la dimensión de "Tony sabe más que nadie" de su gobierno. En sus meses finales, el tono moral jamás estuvo tan alto. En enero, voló a Davos, Suiza, para el Foro Económico Mundial. Estaba en su elemento, con la elite mundial. Una noche, fue a una recepción privada organizada por Bono. El cantante de U2 lo enfrentó por la guerra. Sin embargo, Blair sabía que estaba entre gente que entendía que estaba luchando por la buena causa en otros campos como África y el cambio climático: Bill y Melinda Gates; Rupert Murdoch, miembros de clan Kennedy-Shriver; Paul Wolfowitz. "Yo divido a la gente en dos grupos", les dijo Blair. "Los optimistas y los cínicos". No les tuvo que decir a qué grupo pertenecían todos.
El día siguiente, Blair clausuró Davos, hablando de temas cercanos a su corazón (y también a su futuro). Habló de la importancia de llegar a un acuerdo comercial mundial que sea más estricto con los países ricos y más generoso con los pobres. Habló de la promesa de África, de los desafíos del cambio climático, la naturaleza del poder y las consecuencias de la interdependencia global. "Las naciones necesitan confrontar y tratar con desafíos que simplemente no admiten una solución sin las poderosas alianzas de naciones", dijo. Estaba en su mejor momento, carismático y con una energía imparable. La tribuna lo amó (excepto quizás por esos cínicos). Blair podrá estar dejando el gobierno, pero no está abandonando el escenario mundial.
La violencia en Irak no es por errores de planificación
LONDRES - El primer ministro Tony Blair rechazó denuncias de que la actual violencia en Irak se debe a errores en la planeación previa, pero dijo que siente una gran responsabilidad para terminar con el derramamiento de sangre.
Blair dijo que Estados Unidos no le ha presionado para mantener sus efectivos militares en Irak, pese a los planes del presidente George W. Bush de enviar 21.500 soldados adicionales. Gran Bretaña espera reducir su presencia militar de 7.000 soldados en la ciudad sureña de Basora en varios miles antes de la mitad del año.
"Tenemos responsabilidad absoluta de arreglar las cosas. Lo que disputo totalmente es que la razón de que Irak tenga tantas dificultades actualmente ... es que sea simplemente debido a asuntos relacionados con la planeación antes de la guerra", expresó Blair en entrevista a la BBC.
Blair dijo que las fuerzas de Gran Bretaña en Basora habían cumplido con entregar a los iraquíes la responsabilidad de la seguridad en la línea del frente. Añadió que en dicha provincia la situación es distinta a la que enfrentan las fuerzas estadounidenses en Bagdad.
El traspaso de la seguridad allí es un paso significativo hacia la cesión del control total en Basora a autoridades iraquíes. AP
Los últimos años de un político
En setiembre de 2002, Blair se unió a Estados Unidos para convencer a los aliados de una guerra en Irak. Desafió a la opinión pública y enojó a miembros de su partido Laborista, algunos de los cuales incluso llegaron a renunciar en protesta.
En junio de 2003, un periodista de la BBC acusó a Alistair Campbell, un asesor de Blair, de darle un poco de color al dossier que justificó la guerra contra los deseos de los servicios secretos, en particular el punto que aseguraba que Irak tenía la capacidad de un ataque nuclear en 45 minutos.
En julio de 2004, una investigación deslindó responsabilidad alguna del gobierno en dar información falsa al Parlamento, pero no exoneró por completo al primer ministro, al sugerir que estaba preparado para dar información errónea que impulsase al país a ir a la guerra.
Un leve problema cardíaco obligó a Blair a ser ingresado a un hospital en octubre de 2003, pero para enero de 2004 consiguió un importante voto parlamentario en los topes de las matrículas universitarias.
Después de eso, hubo pocas buenas noticias para el primer ministro. El proceso de paz de Irlanda del Norte se derrumbó. La participación británica en Irak, las torpes medidas antiterroristas domésticas y su intento de prohibir las cacerías le dieron aire a la oposición.
Los laboristas consiguieron una victoria en las elecciones generales de mayo de 2005, a pesar de la desilusión del electorado con Blair.
En la primavera de 2006, su gobierno se convirtió en objeto de ridículo y se hicieron cada vez más fuertes los pedidos de renuncia para el primer ministro. Enfrentado a una revuelta interna, en parte por el escándalo del pago de títulos nobiliarios, Blair anunció en setiembre de 2006 que renunciará a mediados de este año.
Lo reemplazará el actual ministro de Economía, Gordon Brown.
No está claro a qué se dedicará Blair. Seguramente se convierta en un conferencista o presida una empresa privada.
La cifra
26% es la popularidad de Blair, aunque el primer ministro está convencido de haber tomado, siempre, las decisiones correctas