El martes negro

RODOLFO SIENRA ROOSEN

No me gusta ver festejar a delincuentes ni a los fanfarrones que gobiernan Argentina, coautores del delito por su omisión de actos de policía sobre la ruta que en definitiva posibilitó que el delito contra la libertad se consumara y que ahora, en pose de perdonavidas, nos abren los brazos. Pero tenemos que tragarnos el sapo.

El fallo de la Corte, leído detenidamente y muy bien explicado por el Sr. Cancela, Director de la Cancillería, con todo respeto a opiniones contrarias, me resulta técnicamente inobjetable. El reclamo uruguayo de medidas cautelares para evitar el corte de rutas no tiene efecto sobre lo principal del proceso -denuncia por irregularidades de instalación en Fray Bentos de una planta productora de pasta de celulosa- pues no genera daños irreversibles: la fábrica sigue en construcción. Es el mismo argumento, procesal y sustancialmente, por el cual la misma Corte Internacional ne-gó la cautela pedida por Argentina para detener la construcción de la fábrica.

Sinceramente intuíamos que esto podía pasar. En el "Hoy Importa" del viernes 19 ("Un fallo inminente") lo advertimos. No opinamos con el diario del lunes. Y pasó.

El problema de los cortes de ruta debió encararse con otra firmeza un año atrás, cuando se iniciaron. Pero entonces el Presidente pescaba en Anchorena, el Canciller -ignorado- andaba por Moscú, y todo lo que hizo la Sra. Belela Herrera (la vicecanciller), a cuyo cargo quedó la conducción de nuestra política exterior, fue viajar por el día a Washington a entregarle al Sr. Miguel Insulza una carta protocolar del Dr. Vázquez pidiéndole su intervención, ni siquiera la de la OEA, de la que es Secretario General.

No quedamos bien parados. En definitiva, los piqueteros se convirtieron, como lo dicen ahora, en los dueños de la ruta. Algo así como por prescripción.

Sin embargo Uruguay solito y callado fue sacando ventajas. Argentina fracasó en La Haya, en su intento de sabotaje al crédito del Banco Mundial, y también perdió en el Mercosur, aunque el fallo del Tribunal ad hoc que declaró la ilegitimidad de los cortes de ruta es meramente académico, porque mientras Brasil se mantenga en el cinismo de sostener que el diferendo es bilateral, no se puede esperar nada del bloque.

Esa ventaja -sicológica y muy importante para negociar- se ha perdido ahora con este traspié. Uruguay fracasó en el único terreno en que puede ganar el partido, en el campo del derecho.

No vamos a juzgar nosotros la enjundia del equipo jurídico que nos defiende, tan elogiado por el Sr. Igorra, pero se puede equivocar el más pintado. El Dr. González Lapeyre, que renunció al enterarse de la formalización de este fallido planteo, tiene razón, porque ni aún habiendo tenido éxito, el problema se solucionaba.

Hoy los cultores de la fuerza bruta se encuentran con un balón de oxígeno que les cayó del cielo. Habrá que negociar, no hay otra, y después de este macanazo, condicionar la negociación al levantamiento de los cortes, va a resultar difícil.

En una causa nacional, la disposición debe ser la del apoyo al gobierno, pero no a sus torpezas. Eso lo debe entender el señor Presidente que no le puede reprochar a nadie no haberlo respaldado hasta en sus contradicciones.

Entonces que responda consultando antes de hacer, y ofreciendo espacio y colaboración a profesionales especializados cuando ahora sí, llega el momento de la verdad.

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