José Gallo | El País en Paraguay
El viaje a Canadá, y porqué no a Beijing, exigía escala en Bogotá y Uruguay logró aterrizar y despegar sano y salvo, aunque no haya sido un paseo tranquilo.
Ese equipo cafetero golpeado y vapuleado por Chile, con poca fuerza anímica, se plantó firme en el terreno, renunciando a su juego de toque y manejo y presentándose como un conjunto combativo, dispuesto a vender caro el pasaje celeste por sus tierras.
Como Colombia no se podía permitir que Uruguay lo dominara como lo hizo diez días atrás en Ciudad del Este, el profesor Eduardo Lara planteó un partido totalmente distinto.
Sin Pino, un jugador con tanto talento como desgano cuando las cosas no le salen, y con un mediocampo más batallador, el equipo cafetero controló a Uruguay durante los primeros 45´. Así, y cortando con falta sistemáticamente, le negó la salida por los laterales, fundamental en un esquema como el que desarrolla Uruguay y alternó la defensa sobre los volantes, dejando sin abastecimiento a los delanteros charrúas.
El fútbol celeste apareció entonces a cuentagotas y apenas si pudo generar un par de chances, todas de pelota quieta, durante la primera media hora.
Sin embargo, ese mayor control le costó caro en ataque y a Uruguay se le hizo fácil controlar los tímidos ataques de la delantera amarilla, que apenas inquietó a los 17´ cuando un balón suelto de Fontes no pudo ser definido por Quintero.
Hasta que Figueroa hizo la diferencia. El mismo que venía peleado con el arco, pero trabajando para el equipo, se tomó revancha en su relación con la red, la misma que apenas le aceptó una cita en el resto del torneo y por un error del golero ecuatoriano.
Esta vez se reencontraron a los 58´ de una noche casi solitaria en el Feliciano Cáceres de Luque. Figueroa recibió un pase de Surraco tras una gran labor del puntero, paró el balón al borde del área chica y la miró. Los defensas colombianos eran meros espectadores en una situación que no podía terminar en otra cosa que el beso y apenas si Arenas se presentó como obstáculo entre los amantes, aunque nada pudo hacer.
De ahí en más Uruguay controló a Colombia y buscó lastimar de contragolpe. Se notó el cansancio celeste y Colombia, herido en el alma, se tiró con todo en busca del empate. Sitió a Uruguay, lo bombardeó y Pino, apenas ingresado, casi rompe la muralla defensiva celeste con un cañonazo que estremeció el caño. Pero se regaló atrás, Uruguay contragolpeó y Cavani pudo liquidarlo. Definió por sobre el horizontal, aunque tuvo la revancha y no falló. Vonder Putten lo dejó de frente al gol y renovó su eterno romance con la red para darle a la celeste un triunfo desde el alma.