Más regulaciones

Toda la política laboral del gobierno es una suma de insensateces y desaciertos, que circunstancialmente no son definitivamente dañinos, pero lo serán cuando en algún momento, el viento de cola económico que afortunadamente vivimos, ceda paso a un ciclo de actividades no tan favorable.

Hace tiempo y no en balde dentro de una ley de promoción de inversiones, se redujo el plazo de prescripción de los créditos laborales. Antes de esta norma se podían efectuar reclamos hasta dos años después de rota una relación laboral y por concepto de 10 años hacia atrás. Esta situación, fuente de una absoluta inseguridad jurídica dio pie a la industria del reclamo laboral en lo que se especializaban participando con ímpetu, los abogados del PIT-CNT. La reforma hizo que se redujese el plazo de prescripción a un año y que se pudiese reclamar solamente por concepto de hasta dos años hacia atrás.

Lógicamente los industriales del reclamo laboral promovieron un plebiscito en contra de la sensata modificación y para dolor de sus billeteras, éste no tuvo andamiento. Hoy, el sindicalismo oficialista, por ley, ha conseguido extender a cinco años el plazo de reclamación, retornando a la inseguridad jurídica.

En este momento -a su vez- el oficialismo está promoviendo una ley que hace que si alguien contrata a una empresa para que le brinde algún servicio, se le hace responsable de las cargas laborales y de seguridad social de la empresa que contrata. La gabela se descarga sobre los privados y las entidades públicas. De hecho quien más contrata servicios tercerizados es el Estado y, por lo mismo será quien asuma mayores riesgos ( a costa de los contribuyentes, obviamente).

En última instancia estos y otros despropósitos son consecuencia de que nos gobierna una mayoría de burócratas, gente que nunca tuvo la obligación de cumplir con cargas laborales y de seguridad social, porque nunca montó una empresa, ni tuvo empleados, ni se esforzó por poner en marcha un negocio. Están acostumbrados a pensar en utopías y a que les paguen el sueldo puntualmente a fin de mes. Así, administran y legislan moviéndose como un elefante en un bazar.

Las tercerizaciones son una necesidad del mundo moderno y están profusamente extendidas (se les suele mencionar por su nombre en inglés, "outsourcing", palabra que significa aprovisionamiento externo). Y, sirven a múltiples propósitos. Son especialmente importantes, en los casos de demanda de bienes y servicios temporales, que conocen de interrupciones y permiten ágilmente resolver exigencias circunstanciales (la carga y descarga de mercaderías, servicios de mozos para fiestas, limpieza de galpones y máquinas, limpieza en general, vigilancia, reparación de barcos, etc., son algunos ejemplos de cotidiana percepción).

Hoy, no solo tienen presencia en el mercado laboral interno, sino que hay casos de tercerización internacional, ya que las comunicaciones permiten operar en tiempo real.

Un caso, de los que se da en nuestro país, son los servicios de "telemarketing" y los "call centers", por medio de los cuales cientos de operadores telefónicos con una computadora realizan comunicaciones para empresas que pueden estar radicadas en los Estados Unidos o en la India, para las que el nivel educativo y el costo del servicio les hacen interesante instalarlo en nuestro país, en vez de en el que tiene sede la casa matriz.

Lo expresado suma rigideces, anacrónicas y contrarias a la realidad actual.

RICARDO REILLY SALAVERRI

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