Marihuana: la tolerancia crece pero despenalización está lejos

Droga. Fumadores piden poder plantar; gobierno: la ley ya es de avanzada

CATERINA NOTARGIOVANNI

Cerca de 600 personas se manifestaron el sábado 18 en Plaza Independencia. Fumando, se pronunciaron a favor de que se autorice el cultivo de marihuana para autoconsumo. La legislación uruguaya ya es bastante liberal y tolera el consumo.

La marihuana es la droga ilegal más consumida del mundo. De hecho, la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas (Onudd) estimó en junio de 2006 que 162 millones de personas usaron la droga al menos una vez durante 2004.

La cifra representa el 4% de la población mundial entre 15 y 64 años. Según la ONU estas cifras representan un aumento del consumo que se refleja en un crecimiento de la producción mundial de marihuana, que pasó de 42.000 a 45.000 toneladas anuales.

En Uruguay el consumo no está prohibido. Sin embargo se penaliza la compra- venta, el suministro y el cultivo. Esta contradicción expone al consumidor a delinquir para satisfacer un hábito que, según la ley, no es delito.

Ese hecho colabora en la percepción, tanto del consumidor como de la opinión pública, de que el acto de fumar un porro es cosa de delincuentes.

Milton Romani, secretario de la Junta Nacional de Drogas (JND), considera que "Uruguay tiene una legislación de avanzada que recoge un viejo pensamiento liberal por el cual las acciones de hombres y mujeres que no atenten contra derechos de terceros no es motivo de intervención estatal, por eso el consumo no es punible".

Según el jerarca "es mucho peor en aquellos países donde si te agarran fumando te meten dos años preso, lo cual para mí es una barbaridad".

convocante. Federico Marín tiene 20 años y pasará a la historia por ser el organizador del encuentro del sábado. Incluso, planea organizar un par de recitales en Rocha y Montevideo este verano y maneja nombres de bandas en algunos casos ampliamente conocidas.

Este estudiante de ingeniería fuma una o dos veces por día. Dice que para él la marihuana "es un desestresante muy bueno". Sus padres - cirujano plástico y médica pediatra- no están en nada de acuerdo con el hábito de su hijo. "Dicen que si fumo me junto con mala gente. Yo les digo que hablan de gente que no conocen. Los amigos que les presenté no les cayeron mal, así que más que nada son prejuicios", cuenta.

Esa percepción ha cambiado en los últimos años. Daniel Arbulo, secretario de la Juventud Socialista, comentó que en las giras realizadas en todo el país encontró "cabezas muy abiertas" y la percepción de que "la marihuana es distinta al resto de las drogas". "Esperábamos mayor rechazo", admite. Lo que se pretende es terminar con la criminalización del consumidor de marihuana: "si te fumás un porro sos delincuente, pero si te tomás un whisky sos divertido", dice Arbulo.

La juventud del PS y la de la Vertiente Artiguista están promoviendo el debate sobre la despenalización.

Desde la órbita oficial se percibe un cambio en el enfoque del consumidor. El texto introductorio de la "II encuesta nacional sobre consumo de drogas en estudiantes de enseñanza secundaria" de abril de 2006, realizada por la Junta Nacional de Drogas (JND) dice que "muchas personas tienden a discriminar o tratar con hostilidad a quienes consumen marihuana frecuentemente sin evaluar que aquellos que consumen tabaco se encuentran bajo los efectos de una droga con un poder adictógeno (probado científicamente), mucho mayor que el de la marihuana".

SALUD. En cuanto a los efectos sobre la salud física existe consenso en el hecho de que la marihuana, al ser fumable, afecta al aparato respiratorio.

La técnica de fumado -grandes bocanadas conteniendo el aire en los pulmones- puede generar complicaciones similares a las que produce el humo de tabaco, tales como bronquitis y cuadros infecciosos. El psiquiatra Álvaro Usher, director técnico del Grupo de Cavia, dijo que a veces pueden presentarse cuadros de crisis de ansiedad y angustia, pero que esto sucede en fumadores "novatos" y en contextos donde "no se sienten protegidos".

Dificultades en la coordinación motora, dificultad para retener información que afecta la memoria inmediata, somnolencia y aumento del apetito son otros de los efectos al momento del "pegue".

En caso de fumadores "crónicos y en el largo plazo", la marihuana puede producir lo que se llama "síndrome amotivacional", que conlleva sentimientos de abulia y pérdida de interés.

La droga tiene un bajo nivel de incidencia en la generación de dependencia. Entre seis y ocho personas de cada 100 se vuelven adictos. Para la Onudd hasta nueve. Su informe señala que "el cannabis fue asociado al inicio de psicosis en personas más vulnerables y agravantes de síntomas ligados a la esquizofrenia. Efectos negativos intensos de la cannabis incluyen ataques de pánico, paranoia, y síntomas sicóticos".

La doctora Raquel Peyrabue es consultora en "Uso problemático de drogas" e integra el Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional de Reducción de Daños (IHRA por sus siglas en inglés). Cree que cuando se habla de drogas hay que considerar la realidad en todos sus términos, como la legitimidad que tiene el uso de marihuana hoy por hoy: "no es verdad que es sólo en jóvenes. Hay personas de 30, 40 y 50 años que terminan la cena y se arman un porro, desmorrugan y consumen en ronda sin el horror de nadie. La gente cree que son sólo los jóvenes porque hacen un consumo expuesto en la vía pública", afirma.

Milton Romani dijo a El País que "no es verdad que la marihuana sea una droga de recalada, ya está demostrado que no es así. Los toxicólogos dicen que, de haber, serían el alcohol y el tabaco". También considera falsa la afirmación de que la marihuana es una droga blanda: "depende de quién consume, cómo la consume, y en qué circunstancias. Yo clínicamente he visto pacientes de marihuana dados vuelta con ideas paranoides y con secuelas".

Peyrabue cree que "la marihuana utilizada en un consumo ocasional y recreativo tiene un efecto puntual que no es muy diferente al de haberse tomado un whisky: relajación, distensión, con tendencia a la risa. Si bien hay un efecto perceptivo distorsionado, nunca llega a niveles de lo alucinatorio. Cuando una persona llega a alucinar bajo los efectos de la marihuana, esa persona no debería fumar porque tiene una estructura física de base que lo pone en riesgo. El consumidor está con los pies en la tierra, de hecho, algunos van a clase, otros trabajan, mantienen conversaciones lúcidas", explica.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar