Alboroto en el Cortijo

Marcello Figueredo

Ha hecho bien el presidente de la República en destituir al comandante en jefe del Ejército, Carlos Díaz, anfitrión de un curioso e inconsulto asado de camaradería celebrado el miércoles 18 en el Cortijo Vidiella, del que participaron el ex presidente Julio María Sanguinetti, el ex ministro de Defensa Yamandú Fau y los generales Pedro Aguerre y Miguel Dalmao. Lo primero que llama la atención, díganme si no, es la cantidad de fuentes que parecen haber florecido entre Sauce y Toledo, puesto que a la mañana siguiente, a velocidad más digna de un delivery de minutas que de un asado criollo, Búsqueda ya nos enteraba de la comilona. Por la noche, Canal 10 sumaba otro ingrediente: el tema de fondo de la reunión no habría sido otro que Derechos Humanos, como para facilitar la digestión. Tampoco tardaron en florecer las teorías conspirativas. Díaz no es tan inocente como para ignorar que un militar de su rango no puede encontrarse con políticos de la oposición sin dar cuenta a sus superiores, por lo que no habría que descartar que alguno de los invitados le haya tendido la cama traicionando la reserva prometida; ni desechar la idea de que la jugada del presidente de la República haya sido útil para poner en orden ciertas piezas del tablero militar tras un par de jugadas de Díaz. Para más detalles, consultar Brecha.

Las reacciones no se hicieron esperar. Sanguinetti puso cara de yo no fui, regaló pestañeos en primer plano, aseguró que sólo se trató de una amigable charla informal y opinó que, lejos de mostrar autoridad, el gesto del presidente evidenciaba sus debilidades. El Pit-Cnt, que es la nueva autoridad nacional en todos los temas, emitió un comunicado casi marcial apoyando a Vázquez. Y ya que estaba, se despachó contra Sanguinetti (acusándolo de constructor de la impunidad) y contra los medios de comunicación, ahora cómplices de una campaña para entorpecer la Justicia.

Curiosamente, el senador tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro se separó de la opinión oficialista mayoritaria, lamentando la medida presidencial y tildando de "pésima noticia" el alejamiento de Díaz. El nacionalista Gustavo Penadés opinó que la decisión de Vázquez se ajustaba a derecho pero era una exageración política.

El presidente, habrán visto ustedes, ha sido muy claro: "hay que tener mucho cuidado en respetar las instituciones del país. Hay que respetarlas en los hechos. Las autoridades militares dependen del mando superior, que es el presidente de la República, electo por el pueblo uruguayo. Y cuando no se respeta, se comete una falta grave".

Ojalá Vázquez mostrara el mismo apego a la institucionalidad en todos los casos. Hoy, sus declaraciones tendrían mucha más fuerza si antes de ayer no hubiera mediado el papelón del plebiscito por la estatización de los servicios de agua potable y saneamiento, cuyo resultado fue trampeado por un decreto interpretativo. O si ayer no se hubiera apelado a otro decretazo extraordinario para eludir la venia del Senado requerida para nombrar a la Fiscal del Corte.

Y es una pena, como subrayara Penadés, que un momento tan delicado en la vida institucional del país haya sorprendido a Vázquez distendido y en el Polonio, en pleno jueves laborable. Aunque al presidente le asista toda la razón del mundo, no parece muy simpático relevar a un uniformado con galones de teniente general, estando de vaqueros y en el Cabo.

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