Frentes en el Frente

Julio Marenales es uno de los personajes tristemente célebres de la guerrilla tupamara. No ocupa cargos en el gobierno pero ya tiene y tendrá una poderosa influencia en su gestión: acaba de arrasar en las elecciones internas del MPP, el sector de mayor representación parlamentaria de la izquierda. Marenales vaticinó recientemente que el gobierno podrá seguir avanzando "en la medida que la hegemonía de las clases no se vea en peligro, porque si eso llega a pasar no tengo ni idea de lo que puede suceder". Agregó que "por ahora pueden estar tranquilos porque su hegemonía no corre peligro. Por eso no tenemos problemas. Yo quisiera poner en entredicho esa hegemonía. El peligro puede llegar donde nosotros metamos la mano a una transformación profunda de la sociedad, donde podamos meter mano a la propiedad privada a fondo. Haciendo propiedad colectiva". Agregó -no se sabe si para tranquilizar o para dejar caer la amenaza- que "no tenemos la fuerza, aunque mi mala intención es esa".

Marenales y sus huestes son mayoría dentro de una mayoría. Con ellos también milita Mujica, quien dijo sentirse cerca del liberalismo y ante la evidencia de la fuerte gravitación de los sindicatos en el gobierno lanzó iniciativas antes inconcebibles en la izquierda, como la del voto secreto en las asambleas gremiales.

Basta comparar las "malas intenciones" troglodíticas de Marenales -que sólo podrían tener vigencia actual en Corea del Norte, en Cuba, o en el País de los Enanos- con el cambio de perspectiva de Mujica, para comprender que ese mismo MPP es una bolsa de gatos, una colcha de retazos y que en esa condición integra una coalición ma-yor de similares características.

El éxito electoral interno de los radicales de Marenales fue determinante para el papelón del gobierno con EE.UU., pero con ello trajo el deterioro evidente de la figura de Astori y su aguijonazo lo sintió el Presidente.

El MPP de aquí en adelante será una fuerza imprevisible. Puede salir en cualquier caso para cualquier lado. Y por su fuerza electoral, movilizar también hacia cualquier lado el curso del gobierno que ha demostrado su sensibilidad para salirse de línea a la menor presión.

Estamos en las manos de Dios.

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