En silencio

También en materia del tamaño del Estado, el Gobierno deja en evidencia su doble discurso.

Haciendo exactamente lo contrario de lo que durante años criticó desde la oposición, entró en una desenfrenada carrera de emplear a miles de personas en las distintas reparticiones del Estado.

La decisión no puede atribuirse a la falta de personal y, menos aun, a la intención de mejorar el desempeño de los servicios públicos. Aunque todos estábamos de acuerdo en que el Estado debe achicarse y, a la vez, ser más eficiente, por lo visto las actuales autoridades han cambiado de parecer.

La única explicación razonable que hallamos es política. Pagar deudas, cumplir con compromisos asumidos en las campañas electorales y, sobre todo, tratar de hacer proselitismo entre miles de jóvenes, que le aseguren a la fuerza política su continuidad en el poder.

Resulta insólito que ninguna voz se alce desde la izquierda contra esta dañina práctica.

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