Historia flechada

PABLO DA SILVEIRA

El domingo pasado, Canal 5 emitió una clase de historia contemporánea dictada por la profesora Isabel Clemente. Fue ante todo algo muy aburrido. En los tiempos de History Channel, es duro atender durante una hora a una persona que nos habla con voz monótona, consultando papeles y mirando a una cámara fija, mientras unas pocas imágenes se mueven en segundo plano.

Pero no sólo la estética era anticuada. El enfoque era típico de quienes simpatizaban con la Unión Soviética en tiempos de la Guerra Fría. Todo el manejo de información parecía orientado a mostrar que el régimen soviético no era tan malo, ni tan poderoso, ni tan hostil a Occidente como algunos creen.

La docente llegó al detalle en el análisis de la política exterior estadounidense, pero no creyó necesario advertir que el estalinismo era una dictadura, ni que fue el régimen político bajo el que murió más gente en toda la historia humana. Sí recordó la gran cantidad de bajas que tuvo la Unión Soviética durante la Segunda Guerra, pero olvidó aclarar que Stalin diseñaba sus estrategias con una insensibilidad hacia la muerte sólo comparable a la de Hitler.

Cuando mencionó la conferencia de Yalta, la profesora afirmó que Roosevelt aceptó incorporar Europa Oriental a la órbita soviética, pero no dijo nada sobre las presiones ejercidas por Stalin. Habló de la guerra de Corea como una acción estadounidense encubierta por la ONU y del golpe de estado contra Allende como un resultado exclusivo de la injerencia norteamericana (una interpretación que hoy no acepta ni la izquierda chilena). Pero no dijo nada sobre las invasiones soviéticas a Hungría y Checoslovaquia, ni sobre la crisis de los misiles en Cuba, ni sobre la invasión a Afganistán, ni sobre la represión en Polonia. Tampoco hubo referencias a la China de Mao y sus millones de muertos. En un giro final supuestamente crítico, la docente dijo que, para algunos analistas, la Unión Soviética era apenas un subimperialismo que resultaba funcional a los Estados Unidos, lo que explicaría el vigor de movimientos pacifistas como el que existió en Inglaterra. Pero omitió decir que, como quedó probado cuando se abrieron parcialmente los archivos del KGB, ese movimiento era financiado por Moscú.

La clase fue una mezcla de selectividad en el uso de la información y de interpretaciones sesgadas. Sería un buen experimento enviar una copia del video a los países del antiguo bloque soviético y recoger las respuestas de una muestra representativa de ciudadanos. Por ejemplo, sería bueno ver reaccionar a los familiares de los millones de muertos y desaparecidos ante el hecho de que no se mencione la existencia del Gulag.

Pero lo peor es que, conociendo un poco el terreno, uno debe admitir que esta es una de las mejores versiones de la Guerra Fría que pueden surgir de ANEP. Después de todo, la profesora Clemente maneja bastante información (aunque la use mal) y consigue mantener cierto aire académico. La triste verdad es que este mismo tema, puesto en manos de otros docentes activos en nuestros liceos, daría lugar a peores resultados.

La Guerra Fría es un tema laudado del que se habla con objetividad y distancia en todo el mundo. Pero parece que los uruguayos no estamos preparados para hacerlo. ¿Qué ocurrirá a la hora de hablar de hechos de la vida nacional cuyos protagonistas están hoy en el gobierno?

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