Eran alrededor de las 9 y 30 de la mañana en nuestro país -hace hoy cinco años- cuando el primer avión se estrelló contra una de las Torres Gemelas del World Trade Center, ubicada en el corazón del principal distrito financiero del mundo y uno de los símbolos de Nueva York. Casi 20 minutos después un segundo avión golpeó sobre la otra y las explosiones, el fuego y el caos que rodea a la muerte se apoderaron de toda la zona. Las imágenes de gente arrojándose al vacío desde los pisos superiores para escapar de las llamas, que las emisoras de televisión pasaron una y otra vez, han quedado definitivamente incorporadas a la memoria de uno de los más brutales episodios de horror que se recuerden.
El pánico, el espanto y la impotencia, ante una agresión tan sorpresiva como alevosa e inhumana, marcaron el 11 de setiembre de 2001, como la fecha en que en el mundo, "nada será igual". El terrorismo desnudó su rostro y exhibió con espeluznante fiereza que una nueva guerra comenzaba y que los métodos que se iban a utilizar nada tenían que ver con los convencionales. Y allí cobraron notoriedad una organización y un hombre, poco conocidos para el gran público por esporádicos y violentos atentados anteriores, pero que ahora asumían un despiadado protagonismo: Al-Qaeda y Osama bin Laden.
El mundo reaccionó con indignación y espanto. Afganistán, una heroica nación arrasada por la pobreza y el despotismo de un régimen islámico fundamentalista -el talibán- quedó en el centro del mapa como el escondrijo y refugio de la organización terrorista y sus jefes. Hacia allí apuntó Estados Unidos y su presidente Bush, con una cautela que tiempo más tarde olvidaría: dos resoluciones de la ONU y una coalición de decenas de países dieron a la operación "Libertad Duradera" la legalidad y legitimidad para actuar.
Pero no alcanzó. El terrorismo se había instalado en el mundo y no hubo forma de hacerlo retroceder. Los atentados se sucedieron y se suceden: el ataque a la estación ferroviaria de Madrid, la masacre en la escuela rusa de Beslan, los atentados en la discoteca de Bali y el servicio metropolitano subterráneo de Londres. La inseguridad copó el mundo.