El Partido Comunista convoca a sus huestes a una manifestación para reclamar en contra del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Es notoria la voluntad del Presidente de la República, coincidente con la del Ministro de Economía y Finanzas, de que la negociación comprometida en la visita del 4 de mayo a la Casa Blanca, sea lo más amplia posible. Se aclara, eso sí, que independientemente de la denominación que se le ponga al acuerdo. Darle importancia a este punto como si el nombre hiciera a la cosa es un paso adelante decidido para traspasar la frontera de lo sublime a lo ridículo y no deja bien parada la seriedad del país. Pero importa una vez más preguntarse cuál puede ser el inconveniente para que Uruguay deseche la oportunidad de colocar sus productos libres de trabas arancelarias en el mercado universal más importante, que, además, hoy es nuestro principal cliente.
Se dice que esta consigna negativa está estampada en esa suerte de Corán que se denomina programa de gobierno del Frente Amplio. Si esto fuera así, cabría también preguntarse en qué estaban pensando en el momento de aprobarlo aquellos que hoy ocupan trascendentes cargos de gobierno, además del Presidente de la República. Un Tratado de esa naturaleza entre ambos países, siempre va a ser más beneficioso para Uruguay, y mirado desde otro punto de vista, no se logra advertir cuáles serían los perjuicios. Estamos hablando de comercio, no de ideologías, por otra parte perimidas en cualquier mente preparada para dar una interpretación racional de la realidad del mundo actual
El Centro de Investigaciones Económicas ha culminado un informe llegando a la conclusión que ese acuerdo tendría un impacto positivo y significativo en todos los órdenes, en el cual debe destacarse primordialmente el laboral. Bajo el supuesto que nuestras importaciones a EE.UU. son de maquinarias es absurda la hipótesis que se plantea el Canciller en cuanto al riesgo que productos "made in USA" vengan a competir con la producción nacional.
No hay otro motivo entonces que el ideológico para poner el palo en la rueda. Son los de siempre, los marxistas.
Confiemos en los bien intencionados.