Udelar en campaña

GUSTAVO PENADES

La pasada semana nos referíamos al hecho de que la Universidad de la República desde hace largos años no ha dedicado su esfuerzo a analizarse a sí misma. Que muchas veces parecía que más que Universidad de la República estábamos ante la República de la Universidad. Largos años de autocontemplación, una convicción exacerbada de que la Universidad es de alguna manera una institución de naturaleza y esencia superior, que se ubica por encima del resto de las instituciones públicas, ha terminado por confundir autonomía con autismo.

Ese espacio ha sido tradicionalmente un lugar donde la izquierda ha desarrollada duras luchas por el poder, es decir por el control de la estructura universitaria. Hoy todos los candidatos en la carrera hacia al rectorado son de esa tendencia, aunque se hace difícil determinar si se trata de "orgánicos" del Partido Comunista, MPP, etc. o de simples simpatizantes. Lo cierto es que esos candidatos ingresaron en la campaña electoral acompañados de proyectos de "reformas". Y es que cada vez que hay campaña por el rectorado todos los candidatos hablan de reformas. Después, el paso del tiempo y la burocracia universitaria dejan todo como está. Paradojalmente alguno de los candidatos reconocen y aceptan realidades que venimos planteando desde hace años y que, por provenir de un "extraño" y de "derecha" eran rechazada automáticamente, cuando no tachadas de "anti universitarias".

Mientras los rectorados pasan, las dificultades y desafíos de la Universidad siguen en aumento. La lucha por conseguir recursos por parte de los Servicios continúan produciendo injusticias con el resultado de que siempre hay hijos y entenados. Sigue sin resolverse, y para ser justos hay responsabilidades compartidas tanto por parte de la Udelar como de la enseñanza media, el tema de la formación docente y de la imprescindible coordinación entre los dos sistemas de enseñanza. Las tasas de deserción de la población que ingresa a la enseñanza universitaria pública son muy elevadas. La falta de eficacia y eficiencia en la administración de los recursos es alarmante. De acuerdo a una información que se nos brindaba, la Udelar habría recibido del BID fondos con destino al Hospital de Clínicas que hubieran alcanzado para construir cuatro edificios como la Torre de las Comunicaciones. Alcanza levantar la vista en Avda. Italia o intentar tomar un ascensor para advertir que poco se hizo con los fondos del BID.

Otra cuestión central en la discusión es lo que hace a la necesaria reflexión de si el cogobierno por órdenes (egresados, docentes y estudiantes) sigue manteniendo plena vigencia. No adelantamos una respuesta, pero es factible preguntar si una institución financiada por toda la población debe permanecer ajena a casi todo control, como en el presente. Otra pregunta sobre la que tampoco adelantamos respuesta es como reparar la grave inequidad de que un porcentaje ínfimo de las familias uruguayas envían a sus hijos a la Universidad y sin embargo contribuyen a financiarla.

Estas dudas e interrogantes son las que la Udelar debe encarar con acciones concretas, en tiempos estipulados y sin temor ni vergüenza si es preciso reconocer errores o aceptar que los otros tienen razón. Porque -insistimos- Uruguay tiene una Universidad de la República, y no una "República de la Universidad".

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