Gustavo Trinidad
Aunque la nueva tecnología está al servicio del hombre, ayer un joven de 22 años pudo comprobar que esta puede volverse un fulminante enemigo. La revelación para el joven comenzó cuando decidió cometer un arrebato en la esquina de Ituzaingó y 25 de Mayo. A su víctima le sustrajo un portafolio conteniendo $ 400, un discman, varios cheques y un celular.
El joven no había dejado nada librado al azar y ya tenía previsto donde esconderse hasta que pasara la primera conmoción en que la víctima grita y llegan algunos policías al lugar. Pero él tenía su escondite. Corrió hacia un edificio cercano y de fácil acceso. Subió por la escaleras como un rayo y se metió en una pequeña piezita en la azotea del edificio. Ya a resguardo lo primero fue revisar el portafolio. El dinero era poco pero el joven quedó maravillado con el discman y no esperó más para probarlo. Sin embargo aunque también le gustó el celular no le dio la misma importancia. Los policías de la Seccional 1a. ingresaron al edificio casi convencidos de que allí estaba el arrebatador, pero luego de recorrer una y otra vez el mismo, nada hallaron. Ya casi se daban por vencidos cuando uno tuvo una brillante idea. Averiguaron el número del celular y llamaron. El timbre comenzó a sonar una y otra vez. Los uniformados se guiaron por el sonido.
El joven atrapado por el discman no escuchaba que el teléfono sonaba y guiada a los policías cual hilo de Adriadna. Sólo volvió a la realidad cuando la puerta de la pieza se abrió y vio los inconfundibles uniformes. Era demasiado tarde.