PORTO ALEGRE
Le dijeron que no
Nacional quedó afuera de la Copa Libertadores, pero se fue con la frente en alto. Le jugó de igual a igual a Inter, todos sus jugadores dejaron el alma en el enorme campo de juego del Beira Rio y si no hubiera sido por la terna paraguaya pudo haber conseguido una clasificación que había hipotecado una semana antes en el Parque Central.
Los tricolores llegaron al Beira Rio con la ilusión de protagonizar una hazaña. De esas que parecen haber quedado en el pasado del fútbol uruguayo. Y que hace mucho que no se consiguen. Por si fuera poco, no les alcanzaba simplemente con ganar, tenían que hacerlo por dos goles, o igualar el 2 a 1 del Inter para forzar los tiros penales.
Para peor enfrente tenían a un equipo desesperado por llegar a la final de la Copa Libertadores y ganarla por primera vez en su historia. Y los hinchas colorados que abuchearon a Nacional cada vez que tenía la pelota lo hicieron soñando con esa instancia.
Todo eso sin tener en cuenta las diferencias entre unos jugadores y otros, y entre un equipo y otro. Nadie puede discutir que las distancias a favor de los norteños son grandes. Sin embargo, y a pesar de todo, un puñado de uruguayos llegó al estadio del equipo rojo con esperanza. Jugadores, técnicos, dirigentes, y los apenas 35 hinchas que viajaron desde Montevideo, compartían la misma ilusión, la de protagonizar una hazaña.
En los primeros minutos del partido pareció que se podía. La primera llegada del "Chorí" Castro hizo crecer la ilusión Y a los 5` tuvo lugar la jugada que pudo haber cambiado la historia. El gol de Vanzini que fue mal anulado por posición adelantada. Sin ese error del línea, con un gol tan tempranero a favor de los tricolores, el partido pudo haberse desarrollado a su favor.
Nacional jugó un buen primer tiempo y no fue menos que el Inter. Para peor, contó con la ayuda del juez paraguayo que cobró siempre a su favor. Por algo, al final del primer período, Lasarte estuvo largo rato protestándole. Y lo mismo hizo Vanzini.
Comenzó el segundo tiempo y la historia se repitió. Otro gol de Vanzini y una nueva anulación, esta vez por falta al arquero. Era demasiado y casi no importaba lo que pasara de ahí en más. Era imposible que Nacional pudiera conseguir la hazaña que mereció.