Da Vinci virtual: cuando todo puede ser posible

La tecnología digital de última generación se combinó ayer con la polémica y el misterio en la presentación del Museo Da Vinci, una iniciativa del Museo Mori y la firma Sony que sirve de prólogo en Japón al estreno del film El código Da Vinci.

La exposición se encuentra en la torre Mori de Tokio, un coloso de acero, hormigón y cristal de 54 pisos, que a guisa de desmesurado dolmen iniciático marca el preámbulo de una película que llegará a Japón el 20 de mayo cargada de diatribas por su contenido.

La muestra presenta pantallas de cristal líquido en las que, con tecnología digital, se exhiben cuadros de Leonardo Da Vinci con la nitidez y calidad que los originales en pintura, junto a referencias visuales de la película, catalogada ya, por ciertos sectores, como una "blasfemia". A lo largo de las salas del museo, como si de una pinacoteca se tratara, se pueden contemplar la inquietante sonrisa de la Mona Lisa, el enigma de la doble composición de La Virgen de la Roca o el esplendor de La última cena con todas sus claves simbólicas que centran el argumento de El código Da Vinci.

La exhibición de la torre Mori de Tokio ha querido quedar al margen de la controversia y reflejar con la última tecnología digital el misterio que pueda emanar de la novela de Brown y de la película, dirigida por Ron Howard y protagonizada por Tom Hanks y Audrey Tautou, la cual abrirá el festival de Cannes.

Así, además de la obra pictórica de Leonardo, en las salas de la exposición el visitante puede ver expuesto el inexistente libro The Art of the Illuminati, de Robert Langdon, el protagonista ficticio de la novela y la película, al que da vida Tom Hanks.

Lo curioso del libro es que en su solapa la fotografía que aparece es la del propio Tom Hanks, con el pie de foto identificándolo con Langdon, experto en simbología y religiones.

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