10 años de Afaps

En paralelo al grave problema de las plantas de celulosa, que deja en segundo plano cualquier otro asunto, esta semana se produjo un simposio organizado por el Instituto Oribe, de trascendente contenido. Análisis y propuestas, al cumplirse diez años de la reforma de la seguridad social, a cargo de los responsables de las cuatro Afaps que operan en nuestro medio y del Presidente de la Federación Internacional de Administradoras de Fondos Pensión.

La reforma era ineludible porque el sistema imperante era imposible de mantener y fue un cambio fundamental, revolucionario, por tratarse de una profunda transformación que se relaciona con lo cultural, que aún se encuentra a mitad de camino. Poco a poco, la gente va tomando conciencia de que con sus aportes a través del nuevo sistema se va formando su ahorro para el día en que se jubile y que, gracias a la reforma, puede ver cómo evoluciona, según el estado de cuenta que regularmente le es enviado por la Afap.

A diferencia de lo que sucedía antes, cuando sus dineros iban a una bolsa común de la cual los gobiernos podían hacer un peligroso uso discrecional. Como sucedió cuando invirtieron en títulos del Estado que pagaban una mínima tasa de interés, mientras la inflación iba al galope. Ello se tradujo, como era de esperar, en el vaciamiento de las cajas y en una estafa a los aportantes y a los futuros jubilados.

Para que no pase de nuevo algo similar, todos debemos estar muy alertas porque el fondo que se crea gracias a los aportes de los trabajadores es de su propiedad y no hay que confundirse. No se trata de un fondo de desarrollo ni de un banco de fomento. En estos 10 años, los $ 24.290 millones que aportó la gente se han multiplicado hasta los $ 51.900 millones, o sea, que cada $ 100 de aporte realizado, el trabajador cuenta con esos $ 100 y con $ 114 más.

Pero todavía las personas no tienen suficientemente incorporada la noción de que ese dinero es suyo y que el gobierno de turno no tiene derechos sobre él. En la Argentina la apreciación de la sociedad es similar y un claro ejemplo fue lo ocurrido cuando el tristemente famoso "corralito". La gente salió a manifestar y hasta llegaron a hacer destrozos, porque se habían metido con sus depósitos. En cambio, cuando el gobierno les pesificó los aportes previsionales no hubo reacción, como si eso no fuera también parte de sus ahorros.

Han sido demasiados años aportando sin saber bien qué pasaba. Luego se recibirían magras jubilaciones o tal vez suculentas sumas, dependiendo del poder de presión ejercido por el sector correspondiente.

Con un entorno en el área del B.P.S., encabezado por su titular, manifiestamente a favor de que todo vuelva a manos del Estado o, en su defecto, con intenciones de direccionar los recursos del fondo, hay que defender activamente los principios de esta reforma y el dinero de los futuros jubilados, de la codicia que despierta esa suma en buena parte de los nuevos integrantes del gobierno.

Pasados estos primeros 10 años, deberían hacerse varios ajustes pero sin que esto signifique cambiar el sistema de ahorro. Entre las medidas a incorporar una es eliminar los límites mínimos. Sí es lógico que existan límites máximos, pero nunca que los administradores se vean obligados a invertir en algo que no es conveniente. Tampoco es aceptable que continúe la actual situación, en que se llega a un 80% de las inversiones en papeles del Estado, porque está prohibido invertir en el exterior y el mercado local no ofrece mayores posibilidades. Para que éste crezca deben darse otras condiciones como seguridad jurídica, poder cobrar las deudas, los bonos, en tiempo prudencial, etc.

No es justo que no exista el retiro programado. Que la persona no pueda mantener la propiedad de su fondo, al jubilarse y por lo tanto no se lo pueda dar en su totalidad o en parte, en herencia a sus hijos si lo desea. Tampoco es bueno que la renta vitalicia sea luego manejada por una aseguradora, como el Banco de Seguros del Estado, que no se especializa solo en seguros de vida, sino que abarca otros ítems, como autos, incendios y demás. Otra opción sería crear un fideicomiso para encargarse de esto. También deberían crearse los multifondos, como se hizo en Chile, bajo el gobierno de Lagos, para que cada uno elija lo que quiere hacer con sus dineros.

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