Navegación

El buque "Arctic Sunrise", registrado en los Países Bajos, y perteneciente a Greenpeace, navegó aguas arriba por el río Uruguay y llegó frente a Gualeguaychú-Fray Bentos. Su misión, informa la organización ambientalista es "reclamar la adopción de un plan de producción limpia que permita poner fin a la controversia por la instalación de las plantas celulósicas". Como parte de sus actividades de propaganda, "quince activistas se arrojaron" a las aguas "desde gomones que fueron destacados desde el rompehielos, para brindar su apoyo a la campaña".

Un buque de un tercer país, navega por un curso de aguas interiores perteneciente a la Argentina y al Uruguay, luego se detiene y realiza maniobras y actividades de propaganda que tienen por objeto un asunto interno de uno de aquellos dos Estados soberanos. No es poca cosa.

El Río Uruguay es aguas en interiores, un espacio acuático donde los dos ribereños ejercen la misma soberanía que sobre su territorio continental (a diferencia de lo que sucedería, por ejemplo, con el mar territorial). En el Tratado de Límites en el Río Uruguay, los dos países reafirmaron para los buques de todas las banderas la libertad de navegación, "tal como se encuentra establecida por sus respectivas legislaciones internas y los tratados internacionales vigentes".

Pero esa libertad no es absoluta. Tiene límites.

Por ejemplo, en el caso del mar territorial, se establece que los buques tendrán el derecho de paso inocente por el mar territorial de los demás Estados, siempre que el mismo "no sea perjudicial para la paz, el buen orden o la seguridad del Estado ribereño". En general, se considera que cualquier actividad que no esté directamente relacionada con el paso del buque no será considerada como paso inocente y por lo tanto no será autorizada. Si estos principios se aplican en el mar territorial, aún más pertinentes son en el caso de la navegación por un río.

Interrumpir la navegación del buque o fondearlo, realizar manifestaciones y servir de base para las demostraciones de activistas, no pueden ser consideradas como instancias de paso inocente y tampoco de ejercicio del derecho de libertad de navegación reconocido por el Tratado del Río Uruguay. Sin quererlo, o sin darse cuenta, nuestros países están aceptando lo inaceptable y generando precedentes que atacan intereses compartidos, históricos y fundamentales de ambos.

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