El Dr. Sergio Abreu presentó al Directorio nacionalista un documento sobre "La inserción externa del Uruguay. Una visión política y estratégica" en la que el hoy Senador y antes Canciller vuelca la riqueza de su experiencia en los cargos de relevancia que desempeñó. Satisface así una necesidad, cuando temas de gran importancia se discuten atendiendo objetivos políticos puntuales, fuera del imprescindible contexto de una visión estratégica general.
En Uruguay hay mucho para reflexionar y para decidir en lo que refiere a su inserción económica externa de acuerdo a lo que aconseja una experiencia que va desde sus orígenes al momento en que se sienten los efectos de la globalización por una sociedad que no termina de definir un nuevo modelo de desarrollo y de convivencia.
Sintetizando esta visión diríamos con las palabras que suele utilizar Abreu que ha llegado la hora de asumir nuestras asimetrías, de terminar con nuestras hipocresías y de afirmar los principios sobre los que se ha asentado siempre el inmaculado prestigio de nuestra política exterior: su pragmatismo y su principismo, lejos de los voluntarismos y de las ideologías.
Abreu analiza los tres escenarios en que se debe llevar a cabo simultáneamente esa inserción del país. El multilateral, terreno del GATT y de la OMC. Aquí el país puede incidir como miembro y a través del Mercosur. En el plano regional es diferente. El Mercosur se caracteriza por un desequilibrio congénito e irreversible en un proceso de integración en el cual uno de sus cuatro miembros concentra alrededor del 70% del PBI regional, del mercado regional, y de los flujos externos del conjunto. No se puede olvidar que el origen mismo del Mercosur está en los proyectos de integración regional entre Argentina y Brasil. El ingreso de Venezuela distrae esfuerzos e implica un riesgo de politización de la gestión comunitaria externa, pero la participación del país en el conjunto es un elemento fundamental en la estrategia de desarrollo e inserción a seguir, que tiene dos pilares: el crecimiento, basado en la inversión y exportación de bienes y servicios orientado a incrementar el empleo y a disponer de recursos para los tratamientos de la pobreza y la marginalidad, y la sustentabilidad de ese crecimiento que depende de la mejora continua de la productividad, del fortalecimiento de las empresas, de la educación y demás factores de vulnerabilidad que afectan nuestra economía. El bloque debe recuperar los objetivos y expectativas de una unión aduanera y de un mercado común, y la prioridad uruguaya debe ser el sinceramiento de los Estados parte entre sí para definir un proceso creíble, con reglas estables, con el compromiso insoslayable de respetarlas, acordando compensaciones adecuadas a las asimetrías, incluidas las que sufre Argentina ante Brasil.
Abandonar el Mercosur no es opción para Uruguay y su permanencia en él es plenamente compatible y hasta plataforma de lanzamiento para que el país se mueva con holgura en el tercer escenario que es el de las relaciones bilaterales, que pueden entablarse también con Argentina y con Brasil sin perjuicio de su extensión a otros países, como Estados Unidos, Japón, China, Corea, Rusia y otros.
El mensaje redondeado es que no podemos vivir en el Siglo XXI con mentalidad de mediados del Siglo XX. Ya no hay "buenos y malos". Hay socios y competidores, y así lo impone la nueva soberanía, el concepto integral de libertad, que exige la satisfacción de las necesidades sociales básicas.
Sé que me quedo corto. El Partido Nacional debe publicitar este formidable trabajo, en beneficio de todos.