A todos nos llamó la atención, por lo inesperado, la visita que en la última semana del año hiciera el Presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez al ex Presidente Dr. Luis Alberto Lacalle, en la casa de este último. No sólo no es habitual que el Primer Mandatario, el Presidente, cuando tiene necesidad de hablar con un miembro de otro partido político lo haga públicamente fuera de su despacho, sino que sorprendió la noticia en sí misma, difundida a pedido del propio Dr. Vázquez cuando la entrevista terminaba.
Sin embargo estos gestos que deben interpretarse ante todo como de sencillez republicana, no son ajenos a la conducta del Presidente, quien ya en otra oportunidad había concurrido al Senado a dialogar con el Presidente del Directorio del Partido Nacional, el Dr. Jorge Larrañaga. Y haciendo pie en ese recuerdo pueden plantearse distintas interrogantes. La visita fue catalogada como una entrevista política. Habiéndosele reconocido esa condición, que además parece obvia, lo primero que cabe preguntarse es por qué, si el Presidente quería dialogar con el Partido Nacional, no lo hizo a través de su autoridad natural, el Presidente del Directorio, en el caso el Dr. Larrañaga.
PRECISAMENTE esa interrogante es fuente generadora de distintas interpretaciones. Una podría ser la intención de ignorar —y así de alguna manera sancionar— a quien horas antes, en su discurso en el Senado, había dado la bienvenida al "club de los serviles" de los Estados Unidos a los integrantes del Frente Amplio que votaron finalmente con una sola excepción el Tratado de Inversiones de Uruguay con dicho país. Otra, más burda que la anterior, sería la de pensar que por medio de este desconocimiento de las jerarquías, el Dr. Vázquez pretendió dividir o crear enconos entre los propios blancos. Pero cualquiera de estas hipótesis que tienen en común atribuir al Dr. Vázquez intenciones espurias para con el nacionalismo, caen por su propio peso con sólo tener en cuenta que el Dr. Lacalle no hubiera entrado ni en sueños en una trampa de esa naturaleza. Este —lo decimos con certeza casi absoluta— lógicamente sabía de antemano cuáles eran las inquietudes del Presidente y no se hubiera prestado a colaborar con nada que pudiera ser perjudicial para la imagen de su partido o de sus representantes.
Hacemos esta introducción, que ya ha insumido demasiado espacio porque explicar lo elemental no necesita mayores abundamientos, porque no hay otra explicación posible que la que trascendió oficialmente: Vázquez —en todo su derecho como es natural— quiso hablar con Lacalle porque mantiene con él una buena relación en el orden personal y se siente cómodo. Y Lacalle aventó toda suspicacia que sólo la mala intención podría ambientar, cuando sintetizó en dos minutos al fin del diálogo qué temas se trataron, anunciando que lo planteado por el Presidente se estudiaría por su partido, en donde se canalizarían esas aspiraciones por las vías correspondientes.
NO se dijo en el momento, pero trascendió después, que en el pedido de apoyos políticos que el Presidente busca estuvo presente, muy probablemente en primer término, el problema creado con el gobierno argentino por las plantas de celulosa. De ser así, como lo intuimos, el Dr. Vázquez no pudo encontrar mejor fuente para consultar por la experiencia del Dr. Lacalle en materia de política exterior, cultivada principalmente no sólo por el ejercicio de cargos de la más alta investidura nacional sino también por su versación en este tema, que maneja con total solvencia.
Vázquez sabe además —y Lacalle por supuesto que también— que la política de relaciones internacionales del país es un punto débil de su gestión y probablemente no tenga confianza en el material humano que la ejecuta directamente, como para enfrentar una situación de esta delicadeza.
ESTAMOS haciendo suposiciones sobre algo que no se dijo expresamente que haya sido tratado en la conversación, pero si acertamos, cabe congratularse porque así haya sido.
En lo demás, es destacable que un gobierno que cuenta con las mayorías parlamentarias abrumadoras como el actual, tenga un Presidente que quizá procurando corregir problemas de manejo y de relación con la oposición, salga a la búsqueda de consensos para encarar este segundo año de su mandato en donde tanto hay por hacer. Se mencionaron varias reformas que están pendientes, la del Estado que no termina de cerrar, la de las Cajas de previsión social que están pendientes. No se mencionó la reforma tributaria ni la reforma de la salud, aquella aparentemente en vías de mejorar una presentación inicial que nada tiene que ver con lo programado como Impuesto a la Renta, y esta última en un grado de avance que lamentablemente parece difícil de revertir porque la planificación conocida es desastrosa.
De todas maneras y en síntesis, en este aspecto, el año termina bien. El paso que dio el Presidente de la República, por encima de sospechas maledicentes, es auspicioso. Puede tener la certeza que el Partido Nacional va a estar en todo momento a la orden para todo lo que le sirva al país.
Saludos del Poeta
Sin entrar a terciar, porque es un asunto exclusivo de la izquierda, el Poeta le envió "saludos" al vicepresidente Nin Novoa, no precisamente navideños. Entre varias preguntas que le formula, le dice si considera "dejar sin castigo a los asesinos, torturadores y secuestradores". Claro que a Gorbachov y a Putin no los "saludó" preguntándoles sobre el mayor asesino del siglo veinte, José Stalin, ni tampoco al hermano de Fidel Castro preguntándole si iba a seguir permitiendo los fusilamientos con juicios primarios. El Poeta anda hace tiempo pegando en la herradura. Ni una en el clavo. Y tan es así, que va a tener que "saludar" al presidente Vázquez, a los ministros Berruti y Mujica, que hablaron antes que el vice, asegurando que la ley de Caducidad no se va anular.