Inadmisible

EL episodio no sería tan enojoso si la respuesta hubiera sido la debida. Es decepcionante que no lo haya sido. Los uruguayos nos acabamos de enterar por la prensa que el secretario de la Presidencia, Dr. Gonzalo Fernández, relató o dejó saber a una delegación del Partido Nacional que un alto funcionario del gobierno argentino le había solicitado días atrás que el fiscal Enrique Moller —el que pidió el archivo del caso de la nieta de Gelman— fuese removido del caso o substituido.

El grado de intromisión en nuestros asuntos que se está permitiendo el gobierno argentino, desde el presidente, sus ministros y hasta un gobernador de provincia, ya bordea lo inaudito. Este tipo de tratamiento, como si consideraran al Uruguay su territorio y su gente, como una dependencia de segundo orden de la nación argentina, es ofensivo para los uruguayos y ha despertado justa indignación en los ciudadanos de a pie de este país.

En realidad lo que resulta más deplorable del episodio es la parsimonia y la mansedumbre de la respuesta uruguaya. El Dr. Gonzalo Fernández, receptor de ese desubicado pedido, le contestó a su tocayo Alberto Fernández, jefe del Gabinete de Kirchner y su mano derecha, que no podía complacer su pedido porque aquí, en Uruguay, regía la división de poderes. Es decir, se puso a darle una clase de lo que es obvio y el argentino no ignora, en vez de mandarlo a donde merecía ser mandado.

La cuestión no era explicarle a ese señor de qué modo funcionan las instituciones en un sistema republicano respetable sino explicarle, con todas las letras y en alta y clara voz, que no tiene que meterse en los asuntos internos de nuestro país: esa intromisión no es de recibo, no es aceptable, con división o sin división de poderes. Y punto. Que la división de poderes se la explique otro. Gonzalo Fernández, teniendo en cuenta que hablaba por el Uruguay, en nombre de todos nosotros, no podía no haberse enojado ante un planteo de esa naturaleza, haya sido éste formal o informalmente presentado.

Sucede que en el período preelectoral muchos dirigentes del Frente Amplio se acercaron zalameros a las figuras del gobierno argentino y recibieron de buen grado y sin rubores ayuda y complicidad de gobernantes argentinos, sin reparar en lo peligroso de esos arrumacos. Kirchner y compañía, como todos recordarán, fueron agasajados en la Intendencia de Montevideo por un obsequioso Arana, no en cuanto buenos vecinos o gobernantes amigos sino como socios de un proyecto común (que el Frente ganara las elecciones). Se dejaron botijear antes de las elecciones y ahora no encuentran la manera de pararse con fuerza y mandar parar de una vez lo que hay que parar porque ya pasa de castaño oscuro.

El desubique altanero del gobierno de Kirchner ya es conocido mundialmente. El pedido de remoción del fiscal Moller es una cuenta más en un largo collar. Que los argentinos se arreglen con su gobierno y sus excesos. A los uruguayos nos importa cómo se comportan los funcionarios uruguayos: lo que sentimos más es la poca reacción, las agachadas, la falta de convicción en marcar una distancia y una diferencia, como si tuvieran temor a quedar mal ante quienes se sienten en deuda.

¡Con qué fuerza vuelven a la memoria actitudes de serena firmeza de gobernantes nacionales de otrora que, sin alharacas pero sin vacilación, se levantaban de la mesa de negociación cuando otro Ministro altanero de la Argentina (Cavallo) se olvidaba del debido respeto! El Uruguay tiene una cosa de serena altivez (aunque a veces la tengamos medio olvidada): quien no lo haya comprendido o no lo sepa implementar, es preferible que no se coloque en posición de hablar por todos nosotros.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar