Querido MERCOSUR

La bonanza que documenta la Memoria de 1997, se repitió, corregida y aumentada al año siguiente. Pero esa bonanza que parecía establecida, empezó a derrumbarse cuando en enero de 1999, Brasil devaluó sin previo aviso.

La economía uruguaya estaba fuertemente dolarizada y la catástrofe que hubieran padecido los endeudados en moneda de EE.UU., detuvo la devaluación uruguaya, lo cual a la larga provocó un colapso en las exportaciones.

A raíz de la caída del real, hubo un desequilibrio, nuestros precios quedaron por sobre los precios brasileños y antes de que fuera superada esa perturbación cambiaria, la Argentina dio a luz su primer asombro mundial: el ministro Cavallo inventó el corralito, bloqueó los depósitos bancarios y de ese modo, consiguió detener la rueda de los pagos y de rebote, desató en el Uruguay la mayor corrida bancaria de todos los tiempos.

Para coronar los descalabros financieros, los argentinos proclamaron bajo la presidencia de Rodríguez Saa y en medio de grandes aplausos, la bancarrota de su país; hicieron saber que no pagarían su deuda soberana. Ese default fue el timo más grande el mundo, en todas las épocas.

Con cierta anticipación a este broche jamás imaginado, el economista argentino Guillermo Calvo, asesor del BID, se apiadó del Uruguay y le aconsejó... cambiar de región.

No voy a enumerar aquí la lista de violaciones perfectas y/o disfrazadas que nuestros dos vecinos proteccionistas le han inferido al Tratado de Asunción (acuerdo que creara la bella ilusión llamada Mercosur).

La última perla del collar penoso, la recibimos en Mar del Plata, hace pocos días: Uruguay no puede ni empezar a negociar con EE.UU. su entrada al Alca, un acuerdo de libre comercio con el país más rico del mundo. Atentaríamos contra la teoría de la dependencia (nunca mejor dicho).

Como en la guerra de las galaxias, el Uruguay se integra al pequeño grupo de los que van a derrotar al imperio.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar