Desafío intelectual

Si algo se ha transformado en "marca registrada" de nuestras sociedades es la pérdida de perspectiva de la realidad ambiental. Parecería que, a medida que nos internamos más en la noósfera, perdemos la noción de la realidad ambiental, del entorno al cual pertenecemos y del que formamos parte inseparable. Si éstos postulados no fueran ciertos, seguramente no estaríamos viviendo la profunda crisis ambiental y social que nos rodea.

Esta construcción mental respaldada por el conocimiento científico y tecnológico (tecnósfera), es por cierto un logro asombroso de los seres humanos. Parece liberarnos de nuestra naturaleza biológica aunque en el mejor de los casos es solamente una sensación equivocada, un espejismo intelectual, ya que toda construcción simbólica o física que realicemos es un producto humano más. Y como tal, debemos considerarlo un intento de adaptación de una especie a su medio.

Quizás lo que nos ha desorientado un poco es la escala. Somos capaces de introducir modificaciones tan profundas, tan asombrosas —medidas en términos de nuestras limitaciones físicas—, que nos confunde.

Esta estructura es mucho más compleja que el cerebro humano por la sencilla razón que está conformada por una inmensa cantidad de cerebros interconectados entre sí en tiempo real, funcionando coordinadamente, retroalimentándose. Es lógico esperar que la sensación experimentada por nosotros sea que la noósfera está reemplazando a la biosfera. En todo caso, la estamos modificando; sólo eso.

El problema radica en que por el uso indebido o exagerado de algunos de los grandes avances alcanzados en la construcción de esa tecnósfera, estamos cambiando ciertas realidades ambientales, estamos perturbando ciclos naturales en proporciones importantes, considerando nuestra capacidad fisiológica de adaptación a la biosfera. Quizás la demostración más clara y sencilla de comprender lo que está ocurriendo es el fenómeno del calentamiento global del planeta.

El estilo de vida y el modelo de desarrollo impuesto en buena parte del mundo tiene consecuencias capaces de introducir modificaciones en el comportamiento general de los ecosistemas. Pero, las barreras locales que siempre actuaron como amortiguadores de los excesos, en esta ocasión han sido totalmente superadas, pues los cambios antrópicos los estamos produciendo en la propia atmósfera. Esta capa gaseosa que envuelve al planeta actúa como un medio continuo por encima de continentes y mares. Por primera vez comprendemos lo que significa hablar de problemas globales, compartidos en mayor o menor medida por todos.

Como una paradoja, al mismo tiempo que nuestra inmersión en la noósfera parece generarnos problemas a escala nunca soñada, es en la producción del conocimiento científico y tecnológico en lo que basamos todas nuestras esperanzas de hallar las soluciones satisfactorias a tales desafíos.

No cabe duda que estamos recorriendo un camino que no tiene marcha atrás. Habrá que realizar todo tipo de rectificaciones, echar mano a tanta sabiduría y conocimientos esparcidos por el mundo entre todos los pueblos, al tiempo de lograr un baño de humildad que nos permita visualizar sin distorsiones los objetivos a alcanzar como sociedad humana —y de qué manera lograrlos—, para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de todos, sin comprometer la base misma de la estructura y el funcionamiento de la naturaleza. Son muchos los problemas que amenazan a la humanidad y hay que atacarlos en conjunto, a la vez, como lo hacemos con nuestro organismo cuando varias afecciones quebrantan nuestra salud al mismo tiempo.

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