Carta de sidney

Compañía. Aunque la más tradicional sea la postal con el inmenso puente que cruza la bahía y la dominante estructura edilicia de la Opera contenidos en una sola imagen, Sydney tiene otras láminas que también reflejan buena parte de lo que es la vida de una ciudad muy cosmopolita que cuenta con 6 millones de habitantes.

Shopping. El señorial y antiguo edificio de Queen Victoria, por ejemplo, que fue construido en 1886 y hoy está reciclado como un shopping que alberga comercios de los más variados ramos, ofrece una estampa realmente singular con un puesto de lustrado de zapatos como los que se ven en muchas partes del mundo, pero que en este caso es atendido por jóvenes muchachas, que "están en la pomada, tanto con el calzado de los hombres como con el de las damas".

Bahía. Es una enorme y espectacular fuente de novedades, entre las que se pueden citar los taxis que aportan un más personalizado servicio de transporte marítimo que el que brindan los ferrys que recalan en los muelles de los distintos barrios y localidades asentadas en las márgenes del inmenso bolsón geográfrico con salida al Mar de Tasmania, y también los coloridos barquitos vendedores de diarios, revistas, comida caliente, café y helados, que ofrecen su mercadería a los centenares de yates, botes y veleros que pasan jornadas enteras en el agua, fundamentalmente durante los fines de semana.

Comida. No menos llamativo es lo que ocurre en el Fish Market (Mercado de Pescado), en el que decenas de comercios dedicados a la preparación y venta de platos de productos de mar son desbordados por una multitud que arranca con sus bandejas hacia dos hileras de sombrillas, mesas y sillas ubicadas al borde de una panorámica marina en la que es común ver las gaviotas y unas aves de pico largo -que parecen una cruza de pelícano y pato- picoteando a los pies de los comensales con la misma paciencia y sigilo con que perros y gatos suelen esperar una recompensa en los clubes de pesca y más de una parrillada que tienen asiento a lo largo de la costa montevideana.

La ley. Ya en tierra firme, la policía con algunos modelos de autos que -a diferencia de los tradicionales patrulleros- bien podrían servir para pasear por la rambla, constituye un caso aparte. Pero ocurre que esos vehículos son el instrumento adecuado para vigilar el cumplimiento de normas cuya transgresión es penada en forma implacable. Por ejemplo, el uso del cinturón de seguridad es obligatorio para todos los ocupantes de cada vehículo, al punto que cuando la regla no es acatada, el conductor no sólo recibe una multa, sino que por cada acompañante en infracción se le descuentan 3 puntos de un total de 12 que cuando son completados, hacen que las autoridades procedan al retiro de la libreta por períodos que pueden llegar a un año.

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