Luego de los incidentes del pasado domingo y lunes en Colonia Nicolich en que cuatro policías fueron lesionados y vehículos destrozados por personas que estaban prendiendo fuego un local como venganza, los vecinos que denunciaron la situación ante la prensa fueron amenazados de muerte por integrantes de una numerosa familia que tiene atemorizada la zona.
Los vecinos del paraje ubicado en la ruta 102 y que va hasta el empalme con la ruta 101, tienen miedo y hoy piden "por favor" no ser identificados. Hace 48 horas una casa fue desvalijada por estos delincuentes y sus propietarios amenazados con que les prenderían fuego un camión que utilizan para trabajar, para que no radicaran la denuncia. Así lo hicieron.
Por los incidentes mencionados dieciséis personas fueron detenidas y seis de ellas remitidas por rapiñas, lesiones y atentados.
Los lugareños aseguran que los que quedaron en libertad hurtan por encargo y que el consumo de pasta base ha exacerbado su actividad y los ha vuelto más violentos sobre todo cuando recaen en el síndrome de abstinencia de la droga. Los vecinos consultados por El País indicaron que hay un quiosco policial que, según denuncian en una carta dirigida al ministro del Interior José Díaz, con fecha 30 de agosto y aún sin respuesta, fue inaugurado "con bombos y platillos" pero hoy, solamente tiene un policía sin ningún medio de locomoción para auxiliarlos rápidamente.
Cuando se inauguró el quiosco, se organizó una guardia por turno de cada comisaría asignada a Colonia Nicolich como la 18a. de Shangrilá y 26a. de Paso Carrasco, y una motocicleta que permitiera rápida movilidad.
Fuentes policiales consultadas reconocieron que los medios de que disponen para vigilar la zona no son suficientes.
Una familia que ocupó una casa abandonada y a la que denominan "los chupadedo" y los amigos de sus hijos, son imputados por los vecinos de estos delitos y ataques.
Los ahora adolescentes y algunos mayores de edad conformaron una "barra" de unas treinta personas que además de cobrar "peajes" para el vino tratan de amedrentar a quienes les hacen frente y hurtan a plena luz del día.
Así lo confirman J.R., padre de cuatro hijos, R.G. madre de jóvenes de 20 y 15 años y C.C., joven comerciante e involucrado en el trabajo social de la comisión que existe en la zona.
DROGAS. "Los problemas son varios: uno de ellos es el consumo de drogas y el síndrome de abstinencia que los hace volver locos", cuenta J. R., quien asegura haber visto varias veces cómo se contienen entre ellos cuando no hay "mercadería".
Ahora piden más seguridad, tener una vigilancia más estricta y sobre todo, que los propios vecinos no sean los que compren cosas robadas por los jóvenes. Parece ser que el mercado de los productos hurtados está justamente en la propia Colonia. "Crece la inseguridad porque están para el dinero fácil y lo necesitan para la droga", reflexionó M.P., y agregó que " los demás viven rehenes o presos en sus viviendas para cuidar las pertenencias". Agregó que a raíz de los testimonios vecinales en televisión por los incidentes policiales del lunes ha sido amenazado.
Según M.P., cada 15 cuadras hay una "zona roja" y "ya han perdido el respeto y los códigos del barrio donde existen lugares que la policía de noche se le complica la entrada". Piensa que las autoridades no le dan importancia al lugar. "Varias cartas al Ministerio Interior y a la Dirección de Jefatura y Seguridad barrial sin respuesta, son los argumentos para asegurar esto".
" Hoy dominan la zona. Nos atacan la dignidad pero además, los jóvenes que desean salir a divertirse sanamente temen ir a tomar el ómnibus porque también están en las paradas".