Determinación

En el medio de la tediosa discusión sobre las secuelas de la última dictadura militar, que aparentemente está destinada a ocupar las prioridades de nuestra gente, es bueno tomar en cuenta experiencias que en otras partes del orbe se llevaron adelante para ser más soberanos con mayúscula.

Nuestra idiosincrasia es bien distinta a la de Finlandia, la de Irlanda, la de Nueva Zelanda o la de Corea del Sur. Se me dirá que estos países tienen orígenes totalmente diferentes a los que posibilitaron que el Uruguay sea una nación independiente, pero nos equipara el hecho de ser países que por su poca gravitación internacional sufrieron verdaderas tempestades hacia dentro de su población y en todos los casos, salvo el nuestro, se transformaron en verdaderos ejemplos de determinación y coraje a la hora de encontrar una salida para su destino. Nadie puede pensar que los maoríes tienen algo de similar a los descendientes de los vikingos o del catolicismo irlandés o de las tradiciones asiáticas, son igualmente diferentes entre sí como la mezcolanza de gallego, italiano y portugués que abunda en el suelo oriental.

El aislamiento insular que amenazaba a los neocelandeses tuvo como contrapartida una verdadera estrategia nacional de inserción en la economía mundial liderada por una generación de políticos que antes que nada transformó de raíz sus privilegios y los de su aparato burocrático. Hoy son ejemplo de competitividad y lideran varios sectores de actividad económica agregando calidad y marca propia a sus productos primarios.

El pueblo coreano le ganó a sus milenarias invasiones, a la división artificial que le hicieron a su territorio y a la primera crisis financiera global.

Su tenaz vocación de anteponerse a las dificultades hizo que en el medio del crack financiero de los tigres asiáticos, toda la población afectada donara sus depósitos bancarios en aras de una salida nacional.

En solo diez años se dieron el lujo de retomar el liderazgo en la región hasta el punto de organizar un campeonato mundial de fútbol.

La siempre castigada Irlanda, dividida, aterrorizada e invadida, de economía casi medieval, la que batía récords de exportación de irlandeses que escapaban de su país para tener una mejor suerte en la vida, pasó en el transcurso de ocho años a liderar el desarrollo informático de la vieja y ostentosa Europa.

Finlandia, a partir de su crisis de los noventa y de su desocupación del 23 por ciento logró ser en la actualidad el país con mayor competitividad del mundo, ser exportador de alta tecnología, de planificar inversiones en el exterior y ser la nación que tiene la mejor distribución de la riqueza.

Mientras tanto los uruguayos, encontramos excusas para nuestro propio desarrollo, nos dividimos en discusiones bizantinas no sobre lo que nos depara el futuro sino por la recurrencia del pasado, sus culpables y los iluminados que aspiran a volver el almanaque a los años cincuenta.

Seguimos en deliberaciones infinitas, a paso de cangrejo, sin tomar conciencia de lo mucho que nos une a las experiencias mencionadas, sin ponderar siquiera las enormes posibilidades que increíblemente nos siguen esperando.

Llegó la hora de exigirnos a quienes de alguna forma pertenecemos al sistema político que situemos al Uruguay en el sitial que se merece, gestando una verdadera estrategia nacional que guíe con sensatez y sentido moderno los caminos que se deberán transitar aunque sea en los próximos diez años, dejando de lado los cocientes electorales, los exclusivismos partidarios para ser protagonistas de un liderazgo intelectual y moral como corresponde al sufrido, orgulloso y heroico pueblo uruguayo.

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