Siempre se espera un cambio de postura cuando el destino lleva por primera vez al poder a una fuerza política. Porque en su ejercicio, la realidad es mucho más compleja que la teoría, y no alcanza con señalar errores sino que hay que alcanzar soluciones a los múltiples problemas que aquejan a la sociedad. Pero ni el más pesimista imaginó que antes del año de gobierno ocurrieran manifestaciones tan contradictorias con la forma de pensar que "vendían" los líderes de la izquierda.
Si su prioridad manifiesta era el bienestar de la gente por encima de los parámetros económicos, cómo se explica que le "ajusten las tuercas" a los morosos y por otra parte aprueben una ley de excarcelación de presos, aumentando con esa medida la ya muy preocupante inseguridad que vive la población.
La blandura de las administraciones anteriores para con los morosos y deudores ya no va más, pues lo que importa es hacer cerrar las cuentas estatales, algo propio de un modelo "neoliberal". Pero, en el terreno de la seguridad pública, no tienen ningún prurito en liberar delincuentes, arguyendo la modernización del sistema carcelario, con el único y absurdo argumento de que la medida mitigará la superpoblación carcelaria.
Está tan "desnorteado" su principal impulsor, que lo único que le interesa del tema es seguir de cerca el número de reincidentes, demostrando que la iniciativa solamente es un capricho personal.