A las corrientes ideológicas derivadas del marxismo —o muy emparentadas con él— no les conviene que la gente las asocie con la fallida, costosa y cruel experiencia protagonizada por su hermano mayor, la Unión Soviética, durante setenta largos años, ni con sus satélites, y ni siquiera con la de quienes, como Yugoslavia y China, no se plegaron a la ortodoxia de Moscú, más por razones personales que doctrinarias. Tampoco les conviene que se las asocie con los actuales sobrevivientes de aquel sistema totalitario —Nordcorea y Cuba— porque éstos son expresiones inequívocas y sinónimas de fracaso económico y de libertades conculcadas. No obstante ello, a Cuba le siguen rindiendo pleitesía, la defienden en cuanto foro internacional participan (continúa vigente aquello de "no tocar a Cuba") y jamás la censuran por no respetar elementales principios que ellas proclaman ahora como fundamentales de su concepción política.
Estas claras contradicciones indican, en el caso de la izquierda uruguaya, que no ha encontrado su camino, es decir, todavía no es posible definirla en torno a principios doctrinarios. Es que procede, más bien, en virtud de un oportunismo que la lleva a sacrificar antecedentes notorios en la materia en aras de poder agrupar bajo una misma bandera a sectores políticos que, en el pasado reciente, se incriminaron, se combatieron y se despreciaron entre sí. De ahí que estén obligados a ser imprecisos en sus apreciaciones, a flotar sobre las circunstancias y a actuar de manera imprevisible e incongruente.
El presidente de la República, Dr. Tabaré Vázquez, no ayuda mucho a clarificar esta cuestión porque, evidentemente, él mismo carece de un rumbo fijo. Aunque integrante del Partido Socialista, como primer magistrado de la nación no vacila en sentenciar: "Si se me pregunta si ideológicamente nuestro programa de gobierno es un programa socialista, le voy a decir que no lo es".
La sorpresa que genera es mayúscula: ¿no ser un programa socialista quiere significar que no tiene ninguna intención de que lo sea en el futuro?
En otras palabras, ¿hay que inferir que el Dr. Vázquez puede traicionar sus ideas de siempre o que simplemente ha cambiado de ideas? Dudas por doquier.
ES el mismo Dr. Vázquez, desde luego, quien mejor contribuye a que no se sepa bien cuáles son sus propósitos, porque también sostiene que "el socialismo sigue siendo la mejor alternativa, entendiendo al socialismo como la búsqueda del equilibrio entre la libertad y la justicia social".
Habría que preguntarle: "¿Es Cuba un país socialista?" Sospechamos que respondería negativamente porque nos recuerda que "en los países donde el socialismo se aplicó suprimiendo la libertad para lograr la justicia, fracasó". Y agrega que (el nuestro) "es un programa democratizador, busca por el camino de la solidaridad, la justicia social, el crecimiento con justicia, es decir, el desarrollo humano". Ergo: habría que desearle una mayor congruencia entre esa convicción y su inexplicable devoción por el tirano caribeño.
Además, esta serie de vaguedades —tan frecuentes en la izquierda estereotipada—aumenta la confusión respecto a qué es el socialismo. Un planteo de este tipo estaría "renovando" al socialismo. En efecto, ya no se debería hablar de dictadura del proletariado, monopolio estatal de la industria y del comercio, nacionalización de la banca, colectivización de la tierra y prohibición de las huelgas, del derecho de reunión y de desplazamiento, de la libertad de expresión, etc. En cambio, el socialismo "renovado" englobaría, por definición, todo lo bueno que supuestamente tenía el marxismo pero desechando todo lo malo que probadamente tuvo. ¿Pierde identidad y pasa a ser otra cosa?
SI a un cuchillo le cambiamos, primero, la hoja y luego el mango, deja de ser el cuchillo original. Lo mismo pasa con los sedicentes socialistas renovados: ya no serían más lo que eran porque, por la fuerza de las circunstancias, han pasado a ser demócratas, liberales, partidarios del mercado, de la iniciativa privada y de los acuerdos con los organismos internacionales a los que antes vituperaban. Curioso es que esta izquierda ya no se diferencia de los partidos tradicionales más que por el prontuario subversivo de varios de sus sectores.
¿Acaso creen que los gobiernos precedentes fueron partidarios gozosos de la pobreza, de los asentamientos, de los bajos salarios y de la explotación de obreros? Sin duda desconocen quiénes hicieron nuestra avanzada legislación social y quiénes colocaron al Uruguay en un sitial privilegiado en todas las actividades humanas. ¿Y qué papel le cupo a la izquierda —aquella que aplaudía a la URSS o la que enviaba un telegrama de felicitación, poco antes de su caída, al dictador Ceaucescu o que sigue defendiendo los desmanes del megalómano Fidel— en todo ese proceso que hizo de nuestro país, a pesar de tantos contratiempos y crisis, una sociedad que nos enorgullece?
QUIZA la más honesta respuesta la ha brindado el ministro Astori: "Ya nadie se plantea en la izquierda la vieja idea de aprovechar la democracia para llegar, sino que somos parte del sistema, no estamos afuera".
Léase como se debe: "aprovechar la democracia para llegar". Esa era la actitud de la izquierda. Maniobrar. Oponerse. Ganar espacios. Avanzar de a poco. (Otros izquierdistas, más impacientes e irrespetuosos, recurrieron a la lucha armada contra la institucionalidad y contra gobiernos democráticamente elegidos).
Ahora que está dentro del sistema, que posee el gobierno y el poder, ¿qué hará? ¿Respetará el sistema, sus leyes y el espíritu que hizo posible su formulación? ¿O el socialismo "renovado" volverá a ser el socialismo real?